sábado, 20 de noviembre de 2010

LA MAESTRA DE PIANO


Janice Y. K. Lee





Casada con un funcionario destinado en Hong Kong, Claire Pendleton llega a la colonia británica con el entusiasmo y la ingenuidad propios de una joven dispuesta a descubrir un mundo diferente. Al poco tiempo, cuando una familia china la contrata como maestra de piano de su pequeña hija, Claire se ve inmersa en la embriagadora vida social del lugar y, fascinada por un ambiente tan ajeno a sus orígenes, que no tarda en relacionarse con Will Truesdale, un hombre enigmático cuyo historia se remonta diez años atrás, durante la traumática invasión japonesa de la isla. Así pues, el pasado resurge en torno a figuras como Reggie Arbogast, un empresario inglés empeñado en cumplir una misión inconfesable, y, sobre todo, Trudy Liang, una belleza eurasiática cuya personalidad arrolladora e impulsiva centraba la atención del más selecto y hermético círculo social de la colonia. Pero cuando las fiestas en las mansiones de las colinas y los clubes junto al mar acaban de forma abrupta a causa de la ocupación nipona, la frivolidad y la displicencia dejan paso a una sorda y feroz lucha por la supervivencia. Situada en dos momentos claves de la historia de Hong Kong, en vísperas de la invasión japonesa y durante el renacimiento de la ciudad posterior a la guerra, esta primera novela de Janice Y.K. Lee se desarrolla en dos planos superpuestos.

JANICE Y.K. LEE nació y se crió en Hong Kong. Realizó sus estudios universitarios en Harvard, y trabajó como editora en las revistas Elle y Mirabella en Nueva York, antes de dedicarse plenamente a la escritura. La maestra de piano, su primera novela, suscitó un notable interés internacional que culminó con la venta de los derechos de traducción a diecinueve lenguas. En las semanas inmediatamente posteriores a su publicación en Estados Unidos, en marzo de 2009, la novela se situó en las principales listas de libros más vendidos de aquel país. En la actualidad, Janice Y.K. Lee ha vuelto a residir en su ciudad natal.

Breve domingo


De F. ni novedades, no es que me importe mucho, pero viste que tengo razón; EL QUE CON CHICOS SE ACUESTA….

La verdad que no sé si consultar a un psiquiatra; todos sabemos que cobran precios de locura, o participar de alguna sesión espiritista (me da un poquito de miedo), o invocar al Gauchito Gil, o besarle el anillo a Benedicto, o irme caminando de San Telmo al Tibet, o, como ultimo recurso; comprar un muñeco inflable (¿habrá alguno que hable?).
Porque de verdad querid@s amig@s: NO HAY UN ATISBO DE UN ALGOOOOO SENTIMENTAL EN MI VIDA, y ojito, ojazo, ojete: NO QUIERO RECIBIR MENSAJES TIPO:

- bueno, vos no haces nada para provocar una situación, o
- y si no salís ni a la puerta, jodete, o
- no vas a bailar, no frecuentas el ambiente, nada de nada….

ME LLEGAN A MANDAR ESOS MENSAJES y juro por la luz que me alumbra…. esperen… se corto la luz!!... les decía JURO POR EL IMPUESTO AL VALOR AGREGADO que seré el promotor de una matanza!!
Visto y considerando la escasez de especímenes masculinos: hombres; bueno aclaro porque hay algunas chic@s que RAMBO quedaría reducido a una Top Model francesa al lado de ellas.
Esperen que me voy de tema…
Vuelvo: considerando la escasez mencionada y teniendo un abrumador domingo IN-existencial conmigo mismo , sumado al encuentro de terapia expulsiva con L. (que dicho sea de paso me dejo un mensaje en el contestador diciéndome si, efectivamente, volvería a la sesión (acá me convencí que realmente es pelotuda, (lee GUERRA DE DIVAS O DIVANES).
Bueno, con todo esto a cuesta de mi espalda emocional, no dude un instante cuando sonó mi celular y era C; otro más de la lista por conocer. - ¿Tomamos algo en Plaza Dorrego? – dijo. – Bueno, a las 20 hs te parece bien – respondí. – Perfecto – contesto.
Visto mi aburrimiento atroz, teniendo en cuenta la deferencia en llamarme de C. pero, por sobre todas las cosas, considerando que Plaza Dorrego me queda a tres cuadras de distancia: me dije: ¿Por qué no?.
Hacia allá fui, caminando por Defensa, sorteando alemanes, esquivando brasileros, viendo las desorientadas japonesas con cara de enfrentar el Pampero que pululaban por allí (viste que tiene cara de sorpesa permanente).También me detuve en algunas a ver modelitos de indumentaria de nuevos diseñadores que, como son modernos, te venden un camisita minúscula, toda agujereada, con unos colores que no usaría ni Frida Kahlo, a 100 dólares.Y lo peor es que las loc@s entramos a esos locales, nos las probamos, nos damos cuenta que nos queda como el orto pero, como el vendedor esta bárbaro y, con un sonrisa insultante nos dice: - Te queda estupenda!! Ahí estamos, esperando que la embolsen mientras pagamos los 100 dólares y a la noche soñamos con un encuentro sexual entre vestidores con el malicioso vendedor (que por supuesto no tendremos en la reputa vida).
Demás esta decirte que no me compre la camisa (antes lo haría) y llegue a la Plaza Dorrego, me senté y lo espere. Ya casi no quedaban turistas; un grupito de chic@s fumaba porros en una esquina, dos borrachos hablaban sentados en el cordón de la calle y yo mordía compulsivamente pastillitas de frutilla, hasta que escuche el –Hola! de C.