domingo, 8 de febrero de 2009

I HAVE FULLY COME OUT OF THE CLOSET -Cap 3- Hacia la Final de la Batalla






La manteca había comenzado a ser partes de las fantasías de las cuales carecía en mi niñez. Luego de aquel episodio trágico en que fui violenta y… placenteramente vejado por una manguera y una vieja harpía (debo confesar que cuando ella me introducía ESO en ESE lugar desconocido para mi, (bueno desconocido como fuente de placer) imaginaba si no hubiese sido distinto con el doctor, aunque mi extrema timidez truncaría cualquier intento de que es médico me meta algo en el culo.
En fin, comenzaba una etapa nueva en mi vida; quería ser normal (quédense tranquilo que algunos años después el concepto de normal cambio rotundamente en mi vida)
Ese día salimos de la pornográfica sala medica y yo sonreía, - De qué te reís? Me dijo mi madre, - De nada, de que me siento mejor!. -Bue, como para no sentirte mejor, casi desalojan el lugar luego de tu visita al baño, pero no entremos en detalles.
En realidad no me sentía muy bien, sólo tenía una rara sensación de placer interior, encima justo que salimos del lugar, también sale el médico que me había atendido: - Y, como va el enfermito?. Yo lo mire mientras un baba densa, transparente, alevosa, escapaba de mi boca. Lo mire con ojos que le reclamaban: - ¿por qué en vez de esa bestia peluda, ordinaria, mal maquillada y desagradable no fuiste vos el bombero que manejo esa manguera? (claro que esto fue un pensamiento ) – Bien doctor gracias. – Bueno nos vemos pichón- me dijo y se fue.


Un calor desmesurado invadió todo mi cuerpo mientra subía a su auto y saludaba con la mano, mientras sonreía con esa cara entre bonachona y sádica. El calor se transformo en algo duro que se levantaba entre mis piernas y mi madre diciendo -Qué simpático el medico, no?. – Si, ma, muy simpático- respondí. -Bueno anda a casa a acostarte que yo voy a hacer unas compras y vuelvo, ¡anda, qué te quedas mirando!. A este altura ya no miraba nada, sólo sentía mi pantalón empapado or algo que no sabia (no te rías pensá que en esa época los de 14 o 15 años éramos unos pelotudos totales que sólo pensábamos que la teníamos para mear).
Llegue a casa, prendí el televisor, y me hipnotizaba viendo como Arnaldo André, trastornaba a cachetadas a Luisa Kuliok en AMOR GITANO. Para mi era el sumun del arte televisivo. Me acuerdo que la Kuliok bajaba esplendída esas escaleras donde vivían; todas vestidita de blanca, cuasi torta de comunión, (por el modelito digo), y él la esperaba abajo y sin que medie palabra PAFFFFFFFFFFF, cachetazo va, PAFFFFFFFFFFF otro que vuelve, la revoleaba por todos lados y nunca nos enterábamos ¿por qué?. No había un puto motivo para tanto golpe!! Si, ella era una tarada que se la pasaba llorando y sufriendo ( bue no es un mal motivo para un correctivo), tenia menos iniciativa que el Chavo del 8 y encima siempre fue la mujer de… en todas sus novelas. ¿No es tiempo de qué la maten en alguna novela ya, en vez de tanto golpe?. Chicas, chicas repiensen los guiones televisivos, saquen a tantas mariquitas que los escriben y tomen la posta.
En fin, mientras miraba alucinado el despliegue de cachetadas, tiradas de pelos, que siempre terminaban en reconciliaciones horrorosa (era una sumisa de mierda en definitiva), observe de reojo una bandeja que explotaba de scons (podía ser tan dañina mi madre de dejar eso a simple vista sabiendo mi sufrimiento interno?, ahora la cago, pensé, me como todo y digo que fueron mi hermanos) . Veía los scons y entre en un estado de ensoñación, me levante lentamente, sólo unos pasos me separaban del sillón y de un futuro orgasmo gastronómico. Mi mano se extendía hacia el placer sublime que me ofrecía esa bandeja, mientras que con la otra abría la alacena para buscar el NESQUIK y hacerme una rica chocolatada (eso si, con edulcorante).
Algo me dijo:- Detente!!, ALTO CARAJO!!! ¿Cuál es nuestra función aquí? ¿estar muriendo achucharrados (mire a todos lados y pensé en la locura como un próximo escape, ¿quién mierda me hablaba?)
Mis hermanos estaban en el colegio, mi madre comprando gansadas (además no se iban a achucharrar ellos, a no ser que yo decidiese hacer un pacto con el diablo y meter sus fotos en el freezer dentro de un frasquito repleto de agua, por negarme sistemáticamente todos los manjares que comían).
No era ninguno de ellos, desde el piso vi, alucinadamente, como el APIO y la CEBOLLA me miraban con cara de asesinos seriales.
Me aparte de los scons, recubiertos de nueces mmmmmm ¡qué rico! Y pensé dos alternativas: dejarme llevar por mi deseo (totalmente orientado a la gula) o por una puta vez, decidirme a encontrar mi cuerpo en… mi cuerpo. Arnaldo le daba una última cachetada a la idiota de Luisa (hasta se podía ver el polvo de arroz volando en la pantalla) y yo decidí empezar a castigarme , con la mirada justiciera del APIO y la CEBOLLA.
Los próximos 30 días de mi vida fueron un trayecto de AGUA, APIO y CEBOLLA. Si, había decidió ser otro (en realidad tener otro cuerpo). Me interne en el gimnasio, hacia natación, corría como descontrolado por los limites ruteros de mi pueblos, gastaba la llantas de la bicicleta de mi hermano y comía APIO y CEBOLLA.
El día número 29 de mi asesina y personal dieta (ALCO había quedado en el pasado), cuando sentí que todos terminaron de almorzar, me acerque a tomar con mi familia aunque sea un puto café. Yo era, en ese momento, la imagen de la protagonista de la LLAMADA 1 ; blanco al limite de la transparencia, la cara chupada, las costillas se podían contar sin necesidad de ir a un libro de anatomía, mi caminar era el de un anciano; pues no tenia fuerzas ni para respirar y nuevamente la voz: -Nene, estas mas flaquito no?, te hizo bien la dieta! – Creo que de no ser por mi hermana que había juntado todo de la mesa agarraba el primer cuchillo a mato y la destripaba en vivo. – Flaquito?! Tenes algún retardo mental mamá?, Ustedes son medios pelotudos? Hace un mes que sólo trago APIO y CEBOLLA combinado con desproporcionadas dosis de litros de agua!!! Adelgace 30 kilos y me decís si estoy mas flaquito?.
Todos enmudecieron, todos miraban el cuerpo del nuevo desconocido que delicadamente se desvanecía y caía sin prisa ni pausa hacia el piso.
Lo único que me alegro la vida, cuando me desperté en un cuarto de la clínica, fue ver a aquel médico que me había echo debutar sexualmente con una manguera; sinceramente sentí renacer. Nunca me entere que, rodeando la cama, estaban todos mi familiares, ya que pensaban que partiría al más allá en cualquier momento (nada más lejos de mis planes).
Turbado, molesto y sin fuerzas, mis ojos se fijaban en el ambo de aquel amoroso medico (bueno en el ambo no, en el pantalón) que dejaba ver una protuberancia ajena y perturbadora para mi.



- Adelgazaste mucho de golpe, estas descalcificado, además tenes las defensas muy bajas – me dijo con su voz de actor porno mientras yo sólo escuchaba.- te gusta así, te gusta así, queres más reventadito!!



- Si, me encanta –
dije yo –



- Qué te encanta? – me dijo mi madre-



- Eh?, nada mamá no me siento muy bien no sé lo que digo – atiné a responder.



- Tendrá que estar hasta mañana por lo menos acá y después vemos – dijo la belleza vestido de blanco y se fue, si antes agregar; - Come algo hoy, yo te voy a preparar una dieta nutritiva.



- Gracias mi… gracias doctor.


Suspiraba, suspiraba e imaginaba que a la noche me visitaría y me diría que estaba perdidamente enamorado de mi, que me llevaría a su casa y me daría una asquerosa sopa en la boca (para mi sería como caviar), me taparía para dormir calentito (viste que el calor quema grasa) y luego me contaría un cuentito para dormirme en paz. Ay si, era tan patético y utópico a los 15 años.
A la noche vino a verme la vieja arpía que me había ultrajado el ano, me dio una sopa horrible de APIO (¿era a propósito?), una pata de pollo (detesto esa parte del ave) y 50 gramos de arroz (sin queso, claro). Agregándole una gelatina con gusto a … como decirlo a nada y me dijo – Bueno dormí bien queridito, cualquier cosa me llamas, ¿si?.
- Gracias Señora-
le respondí amable mientras veía que los cubiertos eran de plástico, de lo contrario esa noche, la clínica se libraba de la perversa mujer.

Luego de cenar me dormí. Por supuesto soñé con el médico. Imposible de reproducir en esta instancia de mi vida aquel sueño.
A la mañana siguiente salte de la cama, me duche, lave mis dientes, me perfume y volví a la cama cual bella durmiente esperando a su príncipe, que por supuesto nunca llego.
Cuando se abrió la puerta de la habitación donde estaba internado, apareció otra vez ella; la inmunda vieja apestosa, maloliente y solterona:



- Te sentís mejor – me dijo- (que te importa pense)



- Y el doctor, no viene? – pregunte-



- No el doctor empezó sus vaciones y se fue con su esposa a Brasil.

Mi mundo comenzaba a desmoronarse; casado, vacaciones, Brasil, islas, cocos . ¿Existiría la posibilidad de que su esposa se intoxique comiendo cangrejos u algún otro crustáceo y el vuelva solo?

Con mis 30 kilos menos, pero una depresión que rozaba el suicidio me fui de la clínica, nada me importaba más que estar bien yo, de cualquier forma, a cualquier precio.
Mi hermano pasó a buscarme en el auto y me llevo a casa. Mamá exultante me dice:- hoy podes darte el permitido, y sabes que te hice?, si! Milanesas con ensaladita de APIO y CEBOLLA.
No respondí ya que mi grosería ocasionaría un escándalo de proporciones bíblicas; podía ser tan hija de puta esta mujer!. Agarre dos litros de agua de la heladera y me fui a mi cuarto: - estoy cansado –le dije. – Pero nene, y la milanesa – expreso mi madre. – Mira las milanesa met….. nada déjalas para la noche.
Me recosté en mi cama pensando en la zunga que tendría puesta aquel doctor que no quise ver más en mi vida. Mientras el olor a milanesas, y el odio al APIO y la CEBOLLA, me transformarían para siempre en otro.

jueves, 5 de febrero de 2009

I HAVE FULLY COME OUT OF THE CLOSET - Cap 2 -La procesión


- Te lo compre el mes pasado nene, ¡cómo no te va a entrar! –me dijo mi madre mientras salía del cuarto y yo veía como el jeans que me había regalado para reyes llegaba hasta mis muslos, sin un mínimo atisbo de moverse de ahí. la cintura era algo que solo veía en los modelos de la época, mi cuerpo era lo mas parecido a una escultura de botero. mis caderas, en aquel entonces, harían desvanecer a las dej Jennifer López, tenia las tetas de una lolita, en definitiva frente al espejo no me veía yo; veía a un desconocido ( si, ya de niño era un negador). Pero había algo que me salvaba, mas allá de mi infinita bondad y paciencia (buenaaaaaaaaaaaaa), todos me decían que era carilindo y yo simplemente… me lo creí. A tal punto que cuando alguna vieja chota le decía a mi madre – qué lindo el gordito!- ese gordito sonaba a poesía en mi mente, era casi celestial.
Desistí en mi lucha con el jeans, me puse un pantalón amplio, grande muy grande y negro (decían que el negro disimula, creo que la gente es medio idiota inventando formas de no aceptarse:¿qué mierda te disimula el color negro?), una remera del mismo negro y así enlutado y con dos Lexotanil de 5 miligramos me fui dopado a la reunión de ALCO.
Aún bajo los efectos de las pastillas llegue a mi casa con un leve alegría; la reunión había sido sencillamente la antesala de la muerte, pero entre las doce personas que integrábamos el grupo yo tenia dos ventajas, la primera que era el más joven y la segunda (pero súper importante) al lado de los otros 11 yo era un niño de Biafra. Nunca vi tanta gordura junta, desangrados por el llanto de su peso decían las cosas más deprimentes que escuche en mi vida.
Volví agotado, tenía fuerzas para tomar unos 5 miligramos más de la pastillita rosa y entregarme a Morfeo con la tibia esperanza de despertarme esquelético.
Desperté con las mismas diemsiones pero, de aquella primera reunión de obesos mórbidos retumbaban en mi mente dos palabras: APIO y CEBOLLA, APIO y CEBOLLA.
Decidido fui a lo de Ramón, el verdulero, a comprar un cajón de… APIO y uno de CEBOLLA. Me senté en la cocina de mi casa, con el mate junto a mi, mientras miraba con placer esas dos verduras que cambiarían mi vida para siempre y me dije -hoy empiezo- mientras agarraba un kilo de galleta de campo con dos panes de manteca y me iba a dar el ultimo gran banquete de mí vida. Devore lentamente el kilos de carbohidratos con la exquisita grasa de la manteca y me recosté a mira en T.V el SUPER AGENTE 86, no sin antes mirar al cajón de APIO Y SU AMANTE LA CEBOLLA , exclamándoles: -a partir de hoy serán míos.
Se ve que me dormí ya que mi ojos se abrieron con el grito agudo de mi madre con un terrible: - Nene que te pasa!. Yo abrí los ojos como pude ya que parecían sellados con laca.

– ¿Qué pasa mamá?! -le dije- mientras mi cabeza estallaba presa de un dolor inimaginable. -¿Qué te pasa vos, pareces un sapo a punto de explotar?.

Cómo pude me levanté, camine hasta el baño, el espejo me devolvía la imagen de GOLUM; estaba deformado, hinchado, como la descripción del batracio que minutos antes había dicho mi madre. Inmediatamente vino a mi cabeza tres palabras PANES CON MANTECA.
Dormido y deformado como estaba fuimos al Sanatorio, mientras me sentía observado por un mundo que no comprendía mi desazón, mi abandono corporeo.
¿Qué te paso? – me dijo el idota del médico – yo con cara de victima le dije: - No sé- para inmediatamente escuchar a mi madre: -Habla, mira mejor decile lo que hiciste al doctor porque te hago la cara giratoria de una cachetada!. A esta altura mi cara tenia un color verdoso, casi similar al musgo, pero podrido. Mis ojos estaban a punto de darse vuelta y con el último aliento de aire que me quedaba le dije al medico: - Me comi dos panes de manteca, con azúcar y pan. Para volver a escuchar la voz: - Si ja! Dos panes
de manteca de medio quilo cada uno!!
mi madre, otra vez ella. El médico empalideció, ante la confesión de mi sincera madre. Es más, creo que quedo mudo viéndome como un futuro cadáver.
Tirado sobre esa camilla, en esa sala de mierda, con el cuadro de esa turra enfermera pidiendo silencio (una especie de Frida Kalo con cofia), solo pensaba en el APIO y la CEBOLLA y me preguntaba a mi mismo ¿por qué no ataque a los vegetales?

- Tiene un impresionante ataque al hígado y debe estar intoxicado, vamos a hacerle un lavaje de estomago y…..(yo ya no escuche nada más, me sumí en un ensoñador silencio). La voz del medico seguía: - Clara…. Clarita!!!!! Acércate a consultorio cinco!! Dale que termina mi turno y trae para hacer un lavaje de estomago!!!
Yo sentí morir lentamente, sobre todo cuando entro Clarita al consultorio, inmediatamente deje de sentirme vivo.
Clarita debía tener 70 años, en la cara (de vieja mala, soltera y resentida) no le entraba una arruga más, que se acentuaban por las capas sobre capas de maquillaje dándole un aire de Carnaval Veneciano. Pero no sólo me ocasiono espanto esa mujer harta de su oficio de enfermera, sino terror al ver que en una mano traía una chata y en la otra una especie de bolsa de agua caliente de la cual se desprendía una manguera y debía tener al menos dos litros de un liquido blanco que zigzagueaba de un lado a otro dentro de ese temido recipiente

- Haber nene date vuelta – me dijo sin mirarme para seguir – Usted señora salga si quiere – orientándose a mi madre.

El medico había desaparecido, mi madre también, quedamos la bruja y yo.


- ¿Para qué me tengo que dar vuelta? – le dije incrédulo y repuesto desde mis tiernos 15 añitos.


- Te voy a hacer un lavaje de estomago bebe,, a verrrr, dese vuelta – dijo con cara de cínica y morbosa.


- Ni loco – le respondí –pensando que con detergente y lavandina me iba a frotar la panza.


- Por favor sos grande!! Date vuelta – grito la harpía.


- Pero ¿qué me va a hacer?


- Ves esta manguerita?, esta que esta conectada a una bolsita ?, te la tengo que poner en la colita y tenes que esperar que esa bolsita se vacie toda?


-¡¡¡ Queeeeeeeeeeeeeeeé!!!!!. Ni loco me mete eso en el culo!!!!!! Mamaaaaaaaaá.
- Mira querido, si llamo al doctor va a ser peor –
decía esa Anaconda desdentada mientras se ponía los guantes y mi madre ni siquiera asomaba la cara por la puerta.

Me resigne, me sentí abandonado por aquella hermosa mujer que me había traído a la vida y me dejaba en manos de esta ponzoñosa asesina de anos. Fui dando vuelta mi cuerpo en la camilla, sentí como sus sucios dedos recubiertos del latex de los guantes asesinos me rozaban el agujero del culo poniendole vaselina (si vaselina ! mierda!!) y después el caos: la manguera entrando en mi cuerpo. Cerré los ojos suavemente, un dolor estremecedor me recorrió las entrañas. Pensaba en dos cosas que luego serían fundamentales en mi vida; la primera controlar el esfínter, pues sentía que me cagaba encima (ahí entendí lo de la chata) y la otra; que luego que termino de entrar esa, esa, como decirlo… amistosa manguera no era tanto el dolor sino placer.
La vieja bruja se fue (luego de decirme que me quedase un ratito relajado) , de mi madre ni me acorde que estaba afuera esperándome, mis ojos miraban los dos litros de liquido blanco que estaban vaciándose en mi cuerpo y me dormí con una sensación de placer infinito. En mis dulces 15 años, definitivamente, entendí que la manteca iba a ser un hecho fundante en mi vida.

miércoles, 4 de febrero de 2009

I have fully come out of the closet - Cap I - ASI SEA


Mis fantasías, cuando era niño, siempre fueron limitadas. Nada de imaginarme que era un superhéroe que salvaba vidas, sacaba niñitos de los incendios, rescataba a una obesa mujer a punto de ahogarse, ni nada por el estilo. Entrando en la adolescencia, seguí siendo un idiota. Mi fantasía recurrente era… ser cura. Y si, tenía una fascinación cuasi-patética con andar por la vida vestido con eso que para mí era un traje de época; enloquecía de sólo pensarme vestido de negro con la sotana, caminando por el pueblo y escuchando , casi al pasar : - Buen día Padre… - Adiós Padre, ¿Cómo amaneció hoy padrecito?. Yo les sonreiría a todos serenamente mientras por dentro me sentiría terriblemente poderoso. En aquella época, si uno se hacia el loco; con un simple ¡Dios te va a castigar!, o haciéndolos arrodillar para que recen como condenados 700 padres nuestros y 500 Aves Marías, se solucionaba cualquier inconveniente mundano y los feligreses, temerosos siempre, irremediablemente, lo respetaban. ¡Qué belleza enterarme de todo en las confesiones!! ¡Qué sublime poder que mi vecina me contase como le metía los cuernos a su marido, o como el empleado del campo de mi tío organizaba terribles orgías con las pobres ovejas. Ni hablar si debía confesar a un miembro de mi sagrada familia, ahí me convertiría en amo y señor absoluto de ellos , que de familia, poco y nada. Claro que hoy hasta la devaluación ataco a la Iglesia y la palabra santa quedo en el olvido… de lo terrenal.
Si y si, yo quería ser cura; celebrar la misa usando alba (es la sotana pero blanca) ponerme la estola y la casulla (esto es lo que va encima de la sotana y no tiene mangas) y así travestido de hombre de Dios, hablar gansadas que todos creerían palabras santas, decir amén y chupar vino tinto hasta el hartazgo con los diáconos que, con la dalmática puesta, estarían podridos de escucharme. Estaba tan obsesionado con ser cura que llegue a pensar que sería castigado por la Divina Providencia cuando mi madre, cansadísima de mis desvaríos, destruía sistemáticamente todos los altares que yo construía en cuanto lugar de la casa, patio o vecinos descubriese vacío. ¿Estaba loca esta mujer, atacando así a un niño santo de tan sólo 13 años? Queriéndome mandar al psicólogo tan jovencito, pero ¡¡ por favor!!
Así empecé a escribirle cartas al Señor de las Alturas (léase Dios) y las prendía fuego; pensaba que, con este ritual, el humo y las humildes cenizas que quedaban, serían remontadas por el viento y el “Señor” la leerías mientras una luz sagrada bajaría cual rayo y me convertiría en segundos en su mano derecha. Bien, nada de eso paso. Se ve que el “Señor” estaba ocupadito leyendo las aventuras de Paturuzú, Sandokán o la última película del Gauchito Gil, pues al no recibir respuestas en tanto tiempo decidí volcarme a una vida más mundana. ¿Qué se pensaba? ¿Por qué yo, inocente criatura de la vida, no podía ser cura?
Con la contra de mi madre y las correspondencias truncas con el más allá, decidí sumirme en un profundo silencio. Definitivamente cerré la boca a las palabras. Digo a las palabras porque en los años venideros sólo me dedique a comer, a tragar, a flagelar mi estomago con todo aquellos que contenga carbohidratos y grasas. Tampoco iba a ser tan idiota como para darme latigazos o arrodillarme en colchones de trigo o girasol.
Al poco tiempo ya tenía las dimensiones de un globo terráqueo y mi madre, ya no destruía los santuarios que yo armaba; primero porque ya no los armaba y segundo porque, se dedicaba exclusivamente a esconder la comida, ya que yo no podía parar de tragar todo lo que veía. -Es por tu salud -me decía empujándome a patadas en la entrada de ALCO.
Recuerdo como de mis ojos brotaba sangre a borbotones viendo como mis hermanos devoraban como bestias tortas de chocolates, pastas al por mayor, golosinas, kilos de helados y lo que es peor: NO ENGORDABAN UN GRAMO. Los odiaba, sobre todo cuando veia como el dulce de leche rebalsaba de sus bocas, como el helado se les derretía entre los dedos y de reojo, ellos, con total impunidad, me deslizaban una risita irónica.
En algún momento pensé en suicidarme estrangulándome con el hilo de un chorizo o quizás un matambre, aunque poético hubiese sido la tripa de un chinchulín. No tuve el valor: seguí devorando desmesuradamente y decidí abrirme a la sociedad. Atrás el deseo de ser cura, saque mi metro sesenta y mis cien kilos a la vida.
Me tuve que acostumbra a andar conmigo. Como era gordo, petiso y ya estaba entrando en la adolescencia (cosa que yo no dimensionaba lo peligrosa que resultaría), me quedaba una sola estrategia para llamar la atención: convertirme en el gordito pelotudo y bueno al que todos querían como amigo, pero que nadie tocaba ni con un palo.
La mirada ajena se depositaba en mi masa corpórea con un desden de lejanía, “al gordo lo quiero… lejos…como amigo… como confidente. Así casi sin querer, pero queriendo, me convertía en el tacho de basura de todas las lágrimas de cuanta conchita boluda caminase suelta por el pueblo y necesitara un hombro para llorar. O en las polifónicas voces de los pseudo-chonguitos que, haciéndose los langas, me contaban sus largas noches de agotadoras pajas mentales, que por supuesto a mi no me movían un pelo, ninguna de las dos confesiones.
En un viaje con amigos a una aburridísima localidad balnearia del sur de Buenos Aires mi realidad cambiaría para siempre. Con mis 15 años inaugurados, vestido íntegramente de blanco (interprétese vestido como vestimenta, ropa; nada de andar pensando que ya usaba vestiditos con volados), fuimos a bailar y la vi a ella; erguida, lánguida, casi etérea, blanca como el espanto de la noche, fría como el puñal adorable de Jack (el destripador, aclaro porque siempre alguna bruta lee). Era la mujer más bella que he visto en mi vida y caí rendido a sus pies. Tan rendido que camine directamente hacia ella con mi vaso de Mirinda, detrás mío se desplegaba una pantalla de video y Queen estallaba en We´re the champions. Mis ojos no soltaban a los de ella que se abrían inmensos ante mi llegada. Frente a frente solo atine al clásico y subversivo : Hola, ¿cómo te llamas?. Ella me miro con una dulzura inconmensurable, pero me miro de arriba abajo ( a la distancia pienso que, viéndome vestido todo de blanco, habrá pensado: ¿Las heladeras hablan?), decía, me miro con dulzura y esgrimió: ¿Qué te importa gooooooordito! (así, prolongando la oooooooo) mientras daba media vuelta y se perdía de la mano de su amiga en ese tumulto de apestosas conchas malolientes que danzaban poseídas, ahora, Pop has el mundo.
¿Qué te importa gooooooordito! gooooooordito ! gordito ! Así con la oooooooooo. Ese gordito durante años taladro mi cabezas, hizo sudar mis poros, me jodio la vida. Aún hoy tengo pesadillas en las que no veo nada, solo siento las voz apestosa, gangosa y relajada de aquella hijaderemilcontraputas diciéndome gooooooordito !
En tono venezolano les dije a mis amigos de.l viaje: - Me marcho. Tirados como estaban y borrachos, ni me escucharon
Salí del lugar solo, casi como había llegado, con la esperanza de encontrar a la perra maloliente que me había dicho goooooooordito tirada en la playa, borracha como cuba, meada hasta el cuello, vomitada hasta la carótida, picada por todos los inmundos cangrejos de esa reputísima playa que después del gooooooordito deteste con todo mi ser. Si, tengo la horrible capacidad de pasar del amor al odio casi en milésimas de segundos. Así como esa chica había sido la reencarnación pura de la belleza en segundos fue el espanto vivificado.
A las horas, solo ,como un perro desvencijado por las pulgas, tomo un ómnibus para regresar a mi ciudad con una sola cosa en mente, nunca más nadie me iba a decir gooooooordito (asi con tantas ooooooo) y algún día esa fémina malcojida se iba a tragar sus palabras, porque ni siquiera le dije que yo quería ser cura. Amén.

domingo, 1 de febrero de 2009

LA SEÑORITA YO - En el origen nunca es el verbo, sino el final


“en lo mas crudo del invierno aprendí al fin , que había en mi un invencible verano”
(Albert Camus)



No estoy triste. Sé que otra vez voy a volver a todo aquello que no quería volver. Me pregunto ¿para qué volver?, si volver es otra forma inútil de partir, de no estar.
No estoy triste; estuve triste cuando me dí cuenta que no lo amaba que ya no amaba más a Manuel, y me dolió. No me arrepiento de todo lo que hicimos. Me enfurece la forma en que lo hicimos y como se fueron dando las cosas, me enfurece haberlo conocido a destiempo. Me enfurece saber que todo lo que él hizo, no deseaba hacerlo; todo eso era sólo era una forma de no sentirse tan triste y vació, tan disfrazado de soledad. Una forma de escape hacia lo que no tiene escape alguno. Una forma idiota de no pedir auxilio.
Siento bronca al saber que no pude hacer nada, que no pude hacer nada para ayudarlo. Siento miedo al afirmarme que se perdió en un mundo que no lo encuentra, porque Manuel no quiere dejarse encontrar.
A Manuel, como siempre, lo veo triste, lo siento triste. El es triste. En realidad, no sé si me daba pena su tristeza, no debí nunca identificarlo con la tristeza, sino con las situaciones tristes que vivía; también él estaba cansado de fracasar en sus relaciones, porque esto de conocer a los otros se tornaba un acto repetitivo y aburrido.
Empezar, siempre empezar; es un inicio con final anunciado. Contar las mismas cosas al próximo que creerás para siempre, repetir la historia, avizorar el final. Callar cuando hay que hablar, hablar cuando hay que callar, ocultar cosas por miedo a herir .
No, definitivamente ya no estoy triste, supe donde ubicar la tristeza, aunque esta es como un camino que no tiene fin. Me pregunté que haría Manuel sin mí, y la respuesta fue simple: seguiría viviendo, nadie es indispensable en la vida del otro y menos cuando el vínculo se corta, se desgasta. Nada es más fácil que vivir, nada más certero. Uno vive hasta que muere; lo que exista en el medio es lo que uno elije, lo optado y lo dejado. Debe ser verdad esa idea de que el hombre por ser hombre, sabe que en algún momento morirá y a partir de esa certeza, busca la muerte en forma permanente. Pienso también que no necesariamente la muerte buscada debe ser física, algo así como estar muerto en vida, como no estar aquí porque todo duele demasiado.
Leo un texto que siempre me cautivo, un texto que me recuerda a Manuel , a su vida:


“El camino detrás del instante en que hoy estaba, adquiría de pronto la forma de un atajo y volvía a cruzar la avenida de su vida. Hubiese querido en más de una ocasión no ver la señal de cruce, pero como no cruzarlo era detenerse, se sumergía en una senda sinuosa creyendo que lo necesario era una recta final. Siempre así y todo volvía a ese primer instante. De pronto creyó lograrlo, en la recta todo era claro, seguro; ya no miraría hacia atrás y solo era cuestión de lanzarse hacia delante. Hasta que llego a un puente y se encontró mirando su vida desde arriba. Estaba ahí; tendida en el lecho del río, seca, aparente, sin opciones, lisa como una cinta de asfalto, sin sobresaltos. Miro hacia todos lados. Lloro, rió, maldijo y no pudo encontrar la razón de tal descontento. Entonces su visión se alejo de las rutas, caminos, atajos, sendas; cargo en su mochila la vida que le cabía, se lleno de esperanzas para recorrer los caminos del azar y sintió que no necesitaba más que un desconocido camino”(Alejandra M. V.)


Este texto es su foto, su radiografía. Siento que una parte mia murió con él.
Todo fin, tiene como destino un comienzo, o ese origen que avecina un final. Volví a empezar, por supuesto, con la creencia firme de que mi vida nunca volvería a ser igual. Lo único que permanecían intactas eran mis ganas de creer en el otro, o en el próximo. Las ganas de recuperar el amor, la confianza. El deseo de sentirme amado y amar. Después de todo el amor es algún extraño tipo de motor que nos da fuerzas para seguir.
El amor o la idiotez, su sinónimo. La idiotez linda de saber que hay alguien, un alguien que no esta por estar. Que no ocupa un lugar vacío, sino un espacio lleno.
He leído del amor, he creído y creo en el amor, aunque nunca pude definirlo. ¿Es, acaso, el amor una sensación placentera, cuyo hallazgo es una cuestión de azar, algo con lo que uno "tropieza" si tiene suerte?
Todos estamos sedientos de amor, todos lo necesitamos. Vivimos viendo películas basadas en historias de amor felices y desgraciadas, escuchamos patéticas canciones que hablan del amor y nos olvidamos de pensar en todo lo que hay que aprender del amor.


Para mí, creo que para la mayoría de las personas, el problema del amor consiste, fundamentalmente, en ser amado, y no en amar; muchas veces olvidamos nuestra propia capacidad de amar. El problema era cómo lograr que me ame, cómo ser digno de amor. Imposible lograrlo, imposible saberlo. Tal vez yo no le estaba dando amor o lo que él creía como amor. Las creencias también pueden ser un arma letal. Siempre juro amarme, y quien sabe, tal vez fue verdad. Tal vez fui el gran amor de su vida; la persona con la cual quería morir, como solía decirme. Pero tampoco yo, supe entender esa clase de amor. En fin, palabras al viento dichas y en el viento destrozadas.

- No me dejes - me decía envuelto en lagrimas, mientras yo cargaba mi bolsos con cosas mías.
- Es lo que vos elegís Manuel, vos buscas que te deje. Yo no te dejo, los dos nos dejamos - le respondí yo.
- Por favor, dame otra oportunidad.

- La oportunidad dátela vos,pero no conmigo.



Durante el breve dialogo de nuestra despedida contuve el llanto; no quería llorar frente a Manuel. Quería que me vea superado, abstracto en realidad. Ordene todas mis cosas y llame un taxi. Me quedaría algunos días en lo de Daniel hasta que encontrase un departamento para mí. Nos despedimos a las ocho de la noche de un jueves, esa noche no pude dormir. Mi cabeza no paraba de pensar y Manuel me atormentaba llamándome y mandando mensajes al celular. Nunca le dije que estuve en lo de Daniel, hubiese ido a buscarme, y lo que menos quería era verlo en ese momento.
La ruptura en mí se fue dando paulatinamente, comenzó a deslizarse en aquel primer engaño, de su parte, hasta la caida final en un precipicio negro y sin retorno. Hacia tiempo que veníamos naufragando sólo que Manuel no lo veía, o no lo asumía. Yo le daba pequeños indicios y, si discutíamos, grandes pruebas de que la relación no iba. Pero el quería seguir. Paralelamente yo ya sentía no amarlo, en realidad mis energías estaban puestas en Juan Ignacio, con el cual me veía casi a diario a la salida del trabajo y compartíamos grandes charlas, todo sin tener contacto sexual. Éramos como grandes amigos; Juan Ignacio me respetaba y respetaba mi relación con Manuel.
Con Juan Ignacio fue con la única persona que sentí que traicionaba a Manuel ya que me estaba involucrando sentimentalmente, y ese sentir no me permitía actuar. El juego de los amantes puede ser peligroso.
Una noche, que acompañe a Juan Ignacio a tomar un taxi, cuando lo fui a saludar, me dio un suave y prolongado beso en la boca. Interiormente tambalee. Las personas que caminaba por Córdoba y Florida reían, cómplices de tanta liberación o daban vuelta la cara, cómplices de tanta represión. En ese beso, todo lo que me faltaba se instalo en mí. Ese beso inicio el derrumbe decisivo en mi relación con Manuel. Un beso. Sólo un beso.
Cuando llegue al departamento ya vi con otros ojos a Manuel. Me propuso ir a bailar y no acepte. Se enojo, me insulto, y se fue.
A la seis de la madrugada sentí como que golpeaban la puerta del departamento, me asuste un poco pero decidí abrir. Era Manuel, tirado en el pasillo, la cabeza apoyada en la puerta. Vomitaba, hablaba cosas que nunca supe descifrar. El olor a alcohol era insoportable. Como pude lo entre, lo desvestí y lo acosté. Me quede levantado, prepare café y me puse a leer y a observarlo. Tenia la respiración agitada, daba vueltas por la cama y, de a ratos, decía mi nombre. Me tranquilizaba saber que yo estaba ahí, con él. Me intranquilizaba saber que no sabia lo que había hecho y si le habían hecho algo malo. Esa tranquila intranquilidad culminó con el derrumbe de mi relación con Manuel.
A media mañana, luego de haberle dado un te, que nunca supe si se dio cuenta, pero que tomo, me fui a trabajar. Al mediodía lo llame para saber como estaba, me dijo que bien y me pregunto a que hora volvería yo. No sé,- le respondí-, sabiendo que ese día no volvería. Otra vez mi celular invadido de sus mensajes, otra vez mis no respuestas. Deje pasar ese día, negro por cierto y volví al departamento con la firme decisión de dejarlo. Me preguntó ¿por qué lo dejaba, por qué lo abandonaba?. No profundice mucho, sólo le dije que la relación no daba para más. Él lloraba y yo guardaba mi llanto. Cuando me dijo que no podíamos cortar por una borrachera, que además los dos nos amábamos, tome la decisión de cortar todo por lo sano; que en ese momento lo sano era solamente uuna mentira de mi parte:


-Manuel ya no te amo.
- Me estas mintiendo – me dijo él.
- No. Para nada, ya no te amo y no voy a seguir un minuto más con la mentira de sostener una relación sin amor . - afirme.

Detenerme en recordar todo lo que paso ese día es la nada. Fue un día de mierda, aunque no exista el primitivo sentimiento del inicio, cortar una relación siempre es doloroso. No me importaba ya su salida nocturna, ni que le hayan robado dinero y que Manuel no sabia bajo que circunstancias. Un día de mierda, pero un día indiferente y necesario a la vez. Mi única realidad era que ya no podía hacerme cargo de su vida, no podía seguir cuidándolo como si fuese un enfermo terminal que necesita en sus últimos momentos sentirse querido, amado y respetado por quien lo acompañaba. En definitiva, me sentía una enfermera atendiendo heridos en alguna guerra de un país que estaba destruido.
Me instale en lo de Daniel y un mes después alquile un departamento. Lo pinte todo de blanco. Puse pocos muebles, solo los necesarios. Acomode mis libros y me instale con Paula, mi computadora, la única compañía posible en ese tiempo.
Durante algunas semanas Manuel me llamaba a toda hora para saber de mí. Yo atendía sus llamadas, pero me negaba a verlo, necesitaba tomar una prudencial distancia, al menos por un tiempo.
Cada vez que me hablaba pasaba por todos los estados emocionales: me insultaba, me halagaba, me desafiaba sexualmente, juraba amarme, decía que no aguantaba más vivir solo, que me extrañaba, que estaba enfermo y creo que tenia la inútil esperanza de recuperarme. Decía que tenía algo importante que decirme pero que lo haría personalmente. Jugaba, siempre jugaba conmigo y mis sentimientos. En ese entonces nunca me junté con él y, si era verdad que tenia algo importante para decirme, nunca supe que era.
Paralelamente, a mi separación con Manuel, comencé a frecuentar a Juan Ignacio; este sabia de mi situación, la entendía y respetaba mí decisión de estar un tiempo solo.
En el preciso instante que me separe de Manuel deje de tener deseos sexuales; sublime todo impulso hacia la escritura, la lectura y las reuniones con gente que hacia tiempo no frecuentaba. El sexo parecía ser un acto que o una palabra que no tenía significado alguno en mí vida. También el trabajo comenzó a ser algo intenso en mis horas cotidianas. Ni siquiera me pregunté por qué. Pasar de una vida sexual intensa a la nada fue un hecho que paso sin ser advertido en mi vida, pero hecho fundante en mi ahora. Entendía como persona, como humano que había cambiado o lo mejor; retornaba a mi esencia de ser solo o de ser solo para otro, no para otros. Lo único permanente es el cambio; aseguran sociólogos, psicólogos, economistas y demás psicóticos, algo de razón tendrán.
Cuando me separe mi creatividad literaria tuvo como un explosivo brote; no podía parar de escribir, de crear historias y no iba a permitir que nadie bloquease esta etapa de mi nueva vida. En estos cambios internos mios, tambien llegaron las sorpresas y buenas nuevas; una editora amiga me llamó para reunirnos; estaba interesada en publicar una novela mía que, tiempo atrás, le había dejado para que lea y opine. Todo en algún momento encuentra un cauce natural. Cuando alguien desea algo tanto, en algún momento, el universo, o quién sabe que fuerza superior, conspiraran para que eso suceda.
Amo levantarme a la mañana, preparar café, hacer las tostadas y desayunar en el balcón; un pequeño balcón terraza es un refugio ideal para mirar todo desde arriba sin que nada ni nadie nos haga mal. Me gusta estar en mi lugar; escuchar música, andar desnudo, me gusta hacer nada. Escribir cuando tengo ganas, sean las dos de la tarde o las cinco de la madrugada. Me gusta saber que nadie me jode y que no tengo horarios. Recibir sólo a la gente que quiero. Atender el teléfono y escuchar la voz de Juan Ignacio diciéndome que quiere verme. Esa sensación de sentirme novio de alguien es linda, casi placentera. Digo, tampoco sirvo para estar solo.
Claro que a veces lo extraño, a Manuel, es un sentimiento raro. Lo recuerdo como algo lindo; hasta suele robarme una sonrisa cuando recuerdo algunas peleas o cosas que pasamos juntos. Era un loco lindo, es un loco lindo.
A veces, en realidad cada semana, recibo un mail de Manuel. Me hace reír mucho contándome sus nuevas y calientes historias. Vive en Italia; conoció a un chico de Roma al mes de cortar conmigo, seis meses después de fue a vivir con él. Lo del mes de cortar conmigo es lo que dice Manuel, se que lo conoció cuando estábamos en pareja y que fueron amantes un tiempo. En ese entonces yo le preguntaba y él, por supuesto, lo negaba. ¿Qué necesidad no? ¡Qué tontera querer retenerme cuando ya estaba viviendo otra historia! ¿Qué le esperaría al tano?, allá ellos.

Lejos de ellos, lejos de Manuel, lejos de todo y de todos, yo; la Señorita YO. Aquel que a veces se pierde en los laberínticos espacios del pensamiento, aquel que se pierde en hojas en blanco, aquel que no quiere buscar porque se ha perdido en todo y en todos y sólo desea encontrarse.




Buenos Aires, Febrero 2009 del 2008

sábado, 31 de enero de 2009

LA SEÑORITA YO - Cap. 15 - Soliloquio del hombre que no espera


Toda confesión obedece a una culpa, al no decir lo que nos libera de nosotros mismos - pienso mientras llego al departamento, luego de haber pasado buena parte del día caminando, leyendo, escribiendo, recordando, luego de haber cruzado mis ojos con los de la anciana de mano extendida, que sólo me trajeron las imágenes de la piedad y el dolor, luego de haber visto caer algunas de las ultimas hojas de los plátanos de la plaza. Llueve como cada vez que muere alguien.
Giro la llave que me dará entrada a mi estar. Entro. El departamento es como una inmensa caverna; frío y atemporal. Siento consolidar un destino intranquilo y cerrado. En la habitación, un espejo pende sujeto del techo: refleja no muestra nada.
Me recuesto en la cama, inmensa cama, solitario desierto de algodón. El cuerpo yace en una cama. No tengo ganas de nada.
Espero, observo cada pared blanca del cuarto, ese espacio por el cual opte como último reducto de vida. O muerte, no sé bien, estoy en una búsqueda. Sólo veo, sólo siento vació blanco, ese indecoroso material de ruinas.
Cierro los ojos, una voz me ordena que escriba, que continué buscando el origen de esas personas, en aquella esquina, en aquel día lluvioso, como hoy. Buscar un nexo que me conecte a ellos.
No es tiempo para escribir, estoy cansado.
Observo mi interior, cierro nuevamente los ojos; recorro mis restos, la sangre abyecta, la nostalgia de abril, el fervor muerto y escapo. Indefectiblemente escapo. No quiero saberme ser. ¿Cuál es el sentido de llegar a conocerse?.
Pienso, dilato la mente y esfumo cualquier tentativa de encontrarme. Siempre pienso, en definitiva, para escapar de mí.
Me siento en los límites de la cama, los pies apoyados en la alfombra no temen al frío, el frío les teme a ellos, como lugar común, como costumbre. El frío es un estado del hombre y su dolor o su cobardía. Estiro los brazos, refriego los ojos y la miro a ella; quieta y dormida en el rincón. Hablo con ella:
- Mira Paula esta lloviendo, me gusta cuando llueve. La lluvia tiene ese efecto de traer a memoria cualquier nostalgia que teníamos dormida y eso puede ser esencial en mi escritura ¿ no ?. Recuerdo cuando era chico y veía desde mi cuarto como el agua del cielo penetraba la tierra; ¿no te parece una unión maravillosa?, lo divino y lo terrenal. Si hasta puedo sentir el aroma de tierra mojada o el frío de mis pies descalzos caminando por el pasto del parque. ¿Sentís cuantas memorias se acumulan Paula?; veo los pétalos llorosos de las violetas de los Alpes alegrando el quincho, escucho la voz, la voz, por momentos, atormentante de mamá llamándome para comer. ¿Tanto tiempo paso? ¿Tantas edades envejecieron a mí lado? Esta lluvia cada vez más fuerte. ¿Qué puedo hacer?, debo hacer algo, no quiero pensar, no quiero. Debo romper con todo lo que encarcela mi ser, debo romper todo.


Me asusto, cada vez que me descubro hablando con Paula, porque nunca contestara, igualmente le di nombre, forma que encontré para personalizar lo imposible. Si la nombro ella existe.

- Sabes Paula hoy empecé a escribir para el concurso, sí, estoy contento. No sé más que eso, pero hoy los dos tenemos trabajo. Voy a inventarles la vida a las personas que vi en esa esquina ¿Qué te parece? ¿Eh? ¿No te escuche? Esta bien, no digas nada. No importa. Nunca decís nada.
Releo algunas cosa que escribí hoy y no me convencen: “la verdadera naturaleza del hombre es la soledad”. Me dan miedo estas palabras escritas. No puedo escribir, camino hacia la ventana, aún llueve.


Vuelvo a Paula: Podemos planearnos un camino, marcarnos un trayecto y podemos dejar abierta la posibilidad de conservar un espacio vacío para la novedad, la mutación. No hay recorrido que no empiece con el tiempo, que no deja de ser un tirano, una novedad o un dolor.
Preparo un café, vuelvo: Ese impulso que lo dejo habitado en sí mismo, solo, roto, desintegrado. Mirando como cae esta lluvia que no hace más que palidecer sus horas. –No sé –– ¿no estaré condenando lo que no merece condena? ¿Quién soy yo para abrir un juicio así? Nadie. Dudo, , debo rever este párrafo.
Continuo, ahora con un dialogo: yo no cedo, no me intimidas. Si en algún momento pensaste que te necesito para vivir estas equivocado, muy equivocado. Mis medios son hartos suficientes para seguir. - ¿Entonces? – dijo Manuel. - ¿Entonces? – responde Sergio - Conoce otra gente, otros hombres. Rearma tu vida ¿Qué? ¿Te asustan los plurales? ¿Y qué crees que hiciste hasta ahora?. Tené amantes... pero, sabes, sobre todo sé un hombre, invéntate una vida y cuando la tengas, no la dejes ir. Pienso en el error de esta conversación, en cuantas veces cedí por amor, cuantas veces me encontré intimidado por amor.


Descanso mi desesperación. Me tomo un tiempo para acusarme, me recuesto nuevamente en la cama, no puedo parar de pensar y de verme para atrás. Miro a Paula; estéril aparato.
A la mente viene todo y todos; Manuel y si idiotez, los tríos sexuales; todas las veces que en el sauna nos entregamos al cuerpo casual, y causal, para solventar caprichos del hombre solo. El macho cabrio del ascensor, el sexo pago con Marcos, la posibilidad de rearmar una historia y rearmarme en ella con Juan Ignacio. Y además Matías, el masajista de Palermo y nuestro bacanales sexuales, Fernando gimiendo arriba de mi cuerpo cada vez que su novio viajaba, el otro Matías que dudaba de la fidelidad de su pareja y, como dudaba, se acostaba conmigo, y ¿si su pareja realmente le era fiel?. Viene a mi mente Fabián con quien todos los jueves pasábamos dos horas degustándonos los cuerpos. Fabián también estaba en pareja, era como el amante perfecto. Me daba morbo acostarme en la cama que él hacia el amor con su pareja. Cuando me canse de Fabián le dije simplemente una cosa:-Fabi me separe de mi pareja-, nunca más volvió a llamarme. Y así pasaron muchos, demasiados; Benjamín, el pequeño de veinte años, otro idiota que se enamoro de mí y tampoco volví a verlo. No recuerdo todos los nombres, aunque si, todos los cuerpos. Todos los rostros, todos dejaron alguna huella en mí. En un momento me di cuenta que Manuel era sólo uno más, pero en continuado.
Viene la voz de mi madre “Sergio…, Sergio, ¿venís? ,apurate que la cena está lista!, ¿ Estas escribiendo?. Mi bebe hermoso serás un gran escritor, ahora vamos a ir con tus hermanas a a pasear. ¿ Quiere más comidita mi amorcito ?. ¡No, no, no; no quiero nada!, ¡Dios, voy a enloquecer!. ¿Por qué , mí madre, paso toda su vida esperando de los otros?. Esperando al mal parido de su esposo, esperando mi éxito como escritor. ¿Por qué mama cargaste en mi mochila todas tus dudas, todos tus sueños?. Daniel siempre me decía: - Vos tenes algo sin resolver con tu madre, una especie de una simbiosis incestuosa algo así como la tendencia a seguir ligado a ella y a sus equivalentes; o sea tu familia, con la que no podes descargar ni compartir el insoportable peso de la responsabilidad, la libertad y la conciencia. En tú familia, o mejor dicho en tu madre, siempre buscas ser protegido y amado en un estado de seguridad, estado que pagas con el cese de tu propio desarrollo personal.
El recuerdo de mi madre siempre presente en este mundo que deseo y es no saber nada. Me duelen los ojos de verme y no hallarme en tanto dolor, arrancaría mis ojos enrojecidos, incapaces de elegir correctamente alguna vez.
Me incorporo, releo lo escrito: siempre guardó, en su interior, un motivo para despreciarlo. Paso su adolescencia pensando la forma en que podría hacerlo sufrir para así poder retribuirle todo el mal que le había hecho. El era su padre. Su eterno verdugo.
Pienso en mi padre, sólo es sinónimo de inexistencia. Sólo existe la nada.
Literariamente me gusta; contiene forma, pero no sublima el odio que el personaje siente por su padre. Me pregunto si un hijo puede odiar tanto a uno de los seres que le dieron vida, más allá del dolor que este le causó. Me respondo que si, y aunque no quiero leer más, ya que todo me lastima, continuo.
“… no puede dejar de pensar que el lugar del olvido es uno mismo. Que uno no se traslada y olvida, sino que traslada los olvidos y estos, una y otra vez, lo encuentran y lo habitan. No, no hay lugar que sea olvido. Su desprendimiento del mundo lo acompaña; la soledad, el saberse solo, sentirse solo, ajeno a él.
No hay lugar que no sea olvido, que no sea olvido. Me gusta lo escrito, siento que soy un poco yo, me siento próximo a esta definición que me viste de soledad. Busco otro café y enciendo un cigarrillo. Me siento frente al espejo, aspiro una bocanada blanca y me veo. Me aquieto.
Miro al espejo como una maldición que me refleja y castiga con una severa sanción destinada a crear en mí un monstruo rodeado de olvido"

- ¿Cuántos puedo ser frente al espejo?; ¿el bebe qué llora por comida?, ¿ el niño qué escucha el nocturno llanto de la madre sin entender qué pasa ? ¿Quién soy frente al espejo?; ¿El adolescente que observa la lluvia esperando el castigo de la voz materna? ¿ o aquél que se enamoro y fue despojado de todo lo que lo unía a él mismo?


Todas las multiplicidades me aparecen, disfrazada en el misterioso poder de las palabras, de las letras, de lo escrito como metáfora de cualquier afirmación.
Siento ser aquel que llego buscando cuerpos que arrasaron con el mío, la huella del pecado marcando mi piel. Sigo siendo el que envejece en cada palabra escuchada, en cada dolor visto, sigo siendo este que escribe sin encontrar el sentido a sus letras.

Miro a Paula.


- Nada de esto es ajeno a mí, Paula, nada. Miro afuera y nada es extraño; la gente persigue con el mismo encono al amor y la soledad, que son formas de lo clandestino, de lo prohibido: cuando más afuera estemos, mayores son las posibilidades de estar solos, de sabernos solos y nada más desesperado y bajo que creer salvarnos por el amor o en el amor.


Rió, las carcajadas retumban en una atmósfera de blanco aséptico, de tolerancia encerrada en miedo. Me aparto del espejo. Decido no acabar con el café y servirme alguna bebida dulce mezclada con vodka. Bebo la mitad del contenido.
Me siento nuevamente frente al espejo, me digo:

- ¿Y señor escritor, ya sabe quién es? Puede ser que sea una reveladora ambigüedad, un ser despreciable y deseable, una victima del amor o su caricatura. No, mejor una prostituta dentro de un circulo donde se aflojan los lazos que hacen intocable su cuerpo, eso; una puta o un hombre, ¿no es acaso lo mismo?, un hombre seductor que se encierra en sí mismo porque lleva dentro una mujer como instrumento de su vanidad y de su angustia. Así me reprimo y me guardo Paula, me guardo en un ataúd de nácar y poesía.

Rió. Nadie me ve; es sólo mi sombra, un caballero andante, un fantasma, un naufrágo de ese mar uterino que deseo.

- Nadie me ve Paula, soy mi verdugo y mi victima, estimulé mi crimen y me condene al desamor.
Bebo la bebida que queda en la mitad de un vaso a medio llenar, o a medio vaciar; ¿importa a caso? Siento la anulación de todo lo dicho porque no sé si creerlo. Ya nada me convence., acá estoy Paula, abierto en las ruinas del amor tan lejano, entregado a la locura, en la oscuridad de mis certezas. Anochece Paula y llueve, y en el aliento de esta noche inmensa, me volcaré a la escritura, a aniquilar mi silencio interior y lo que creo cierto.


Despejo cualquier intento de sentirme bien. Espío por la ventana un exterior cada vez más desconocido, cada vez mas tenebroso. Buenos Aires es la ciudad que me invento y que reinventó; la ciudad del absurdo, que bordea siempre cualquier limites, hacia cualquier abismo. Es la ciudad que te da el empujón al vació; esa caída libres de las imposibilidades. Buenos Aires nos mata y resucita en cada uno de los jirones y auroras en que nos convierte. En ella soy, al ser otro, el deseo de ser presencia en la mirada que me falta.


- Vértigo Paula, vértigo es lo que siento. Pero no. Porque también tengo ganas de salir. ¿O no? Si salgo, ¿que encontraré? ¿Mis historias son las historias que quiero contar? Podría estar caminando, ahora, entre esas personas, entre tantos hombres, sin embargo me quedo acá, observando tu torpe indiferencia, tú dejadez.

En definitiva ¿qué tiene para decir la gente? Nada. O mejor, pensándolo bien, mucho. Claro, eso es el miedo que siento, miedo a lo que digan, o lo que yo diga de ellos al escribirlos. Dirán algo, ¿alguna vez sabrán que les invente una vida?, Siempre te dije que los dos extremos eran terribles. ¿No te parece?.

Me recuesto en la cama, boca abajo, ladeo la cabeza hacia la computadora:

-¿No preguntas por qué son terribles los extremos? No importa, pero imagínate si nadie tuviera nada que decir... ¿ cómo vos, sin ir más lejos, qué esperas todo de mí, no?. Claro que esperas todo, hasta el silencio que, a veces, es otro desacierto. Ahora me callo, ¿Soportarías que me calle?

Sólo hay silencio; una habitación blanca. Un espejo, mí cuerpo despojado y tirado sobre un desierto de algodón con mis dudas y creencias, la creación dando paso a la destrucción.
Se que elegí la soledad como ultimo refugio; esa soledad del intento que no fue enfrentado: ¿hay otra soledad? ¿Existe el triunfo sobre sí mismo? Yo no sé nada de lo que quiero saber.

- ¿Sabes que pensé Paula? empezar hablando del Kairos. Sí... ¿te sorprende? El Kairos es el tiempo cualitativo de cada ocasión, ¿qué te parece?. Todos, hasta vos, experimentamos esa sensación de que llego un momento, digo, el momento de hacer algo, que ya estamos preparados para tomar un decisión .¡Claro!, eso es lo que me falta; la decisión a tiempo, la inmediatez del momento.

El Kairos y el sentir; ese momento que no puede ser, que no debe repetirse. Un instante en la vida, es sólo un instante. Pienso acostado buscando un indicio; quiero sentir gozarme de mí, encontrarme. No quiero salir a la pequeña terraza, aún llueve.
Curo mis falsos pudores; no siento temor, estoy en mí, mi caverna lo que habito: YO. Miro la habitación despojada de movimiento; blanca y estéril. Doy vueltas en la cama, dejo de pensar, deseo sentir, deseo desear. A veces pienso que en la vida todo lo necesario existe, es real, es creado. Luego pienso sobre lo pensado como lo imposible, algo eterno y dudoso en el devenir. Mejor que lo necesario pueda ser inventado y ahí salir a la vida; como el amor o la soledad.
Creo que mi memoria me abarca en una línea infinita de existir o no existir. Soy un interino reflejo en la existencia del otro, apariencia continua de éste, un mundo falso. Un modelo finito de existencia y silencio que alguna vez creyó ver el mundo desde arriba como un universo errante, bastión de nada.
Cuando pienso que lo necesario existe lo vivo como una innecesaria contrariedad.
Sé del tiempo; el que no tengo o el que recuperé en todas las edades que me han abandonado, y le digo a Paula: - Este momento, la inmediatez de este instante. Pero a ¿quién le hablo?, a una estúpida computadora, a una máquina barata que espera mi orden para tener vida. ¿No iban a dominar el mundo ustedes?! ¿Eh!?. Mírate; estática, triste y lo peor, inmune a todo lo que pasa a tu alrededor. Todo lo que sabes es porque yo lo meto dentro tuyo, en tu memoria, que no deja de ser la mía !.... ¿¡Ves cómo me necesitas!?.


La miro por el espejo, la miro y me ve como ella está: apagado, triste, inmune. El espejo sigue reflejando, sigue sin mostrar nada.
Insulto, rió y lloro. Vienen a mi mente mil imágenes, sensaciones de muerte despiertan mis sentidos. Vuelo; hay ensueño refugiado en un cello, palabras derramándose por las manos y los amigos como metáforas de otros refugios que se inventan. Veo un cuadro mostrando una paloma muerta y un niño que llora el vuelo que nunca será vuelo. Y deseo otro tiempo, el olor a roca que despiden las sierras, la tibieza del abrazo en la llegada, el dulce beso que disimulaba una espera, las bellezas que caminan sin destino sólo sabiendo que hay un lugar.
Otro tiempo; el refugio que me regalaba la luna haciendo el amor con las estrellas en un acto de sublimación infinita, buscándose como todos. Deseo otro cuadro: una paloma alada perdiéndose en el horizonte y un niño que ríe en un mar de ternura.
Empiezo a saberme, a sentirme otro. Pongo música, mi yo se desvanece, se adormece en el llanto de Piazzolla. Mi yo se enjuicia en un tribunal ilógico, sometido al miedo de la verdad; al roce desnudo del cuerpo escondiéndose en la cama, el agua fría de la manguera taladrándome los pies, ya mojados de esperas. Tiempo elástico, casi como la intensidad de lo nuevo.
Cuantos libros se me han acumulado, trayéndome memorias y presentes, jugando solitarios tras letras, música de dioses, remansos de esperanzas.
La música me absorbe. ¿ Para que olvidar – me digo - que soy un pasado, un trozo de tierra natal, un acontecimiento amoroso, una poesía que escapa en la visión o tentativa de ser palabra ?. Ahora soy un poco de mi mismo, un sueño sin despertar, un anónimo que goza y se pierde en el protagonismo de otros. Soy un alma errante que viaja sin saber donde.


Quería hablar del tiempo, pero mis horas no pasan, son inútiles y desmedidas. Mueven sus minutos quietos tras el cristal del reloj. No pasan. No abren senderos, no destilan amaneceres, no aparcan en la noche. Las horas no pasan; hay quietud a veces, soledades otras veces. Quiero hablar del tiempo pero el tiempo no responde a ningún nombre. Creo que las horas son exilios; respiros de vida que creemos necesario.

- ¿Sabes qué deseo, Paula?, quedarme aquí dentro mío, sentir los limites del cuerpo, señalarles un orden. Sentir que el horizonte que me enmarca no conoce verticalidades en el alma. Deseo desear que sigo vivo, que se respira lavanda en mi comarca y las hojas del plátano siguen aun verdes en todas las estaciones. Si, deseo quedarme aquí, dentro mio; ver que el cartero se va, matando al remitente, creer que la ausencia que me empaña, toca la puerta y se aleja, sentir que las flores crecen aun bajo el manto níveo de julio. Deseo el silencio como preludio nocturno, dejar que pasen las horas, este tiempo de inútiles espejismos.

Leo una oración que escribí: Ese día entendió que sí, que todo era posible, hasta buscar la propia muerte en el amor. Siento que lo escrito me envejece, me condena, como condeno al personaje por algo que no se sí hizo.
Me levanto para ir a la cocina. Desde la puerta de cuarto veo la figura de un Cristo imponente, doliente, temeroso. Cierro los ojos ante el espanto de la cruz sosteniendo un cuerpo que siente propio.
Camino dejando detrás mio la imagen crucificada de mí vida. El pasillo es un largo sendero que culmina en puertas vaivén, tengo miedo. Lentamente me resiento; las piernas me pesan y los ojos se convierten en irrespetuosos manantiales de pesadas gotas.
Sé que atravesando esas puertas todo en mi envejecerá más; allí no hay nadie y es como enfrentarse al sinónimo de la crucifixión. Apoyo las manos en las puertas, que van y vienen, las atravieso y la metamorfosis es inmediata: la espalda encorva hasta sentir el peso de la cruz, las manos se surcan de sendos caminos azules transitados por la sangre fría, los ojos empequeñecen en una mirada húmeda y añeja, la piel pierde el brillo adolescente y la voz escapa tras balbuceos. Camino lento, muy lento. La mente ordena al cuerpo que no se detenga, detenerse sería caer. Mi cuerpo, que no es el propio pero lo siento así, busco la bebida e intento volver a la habitación.
Me recupero, me nazco nuevamente. Seco los surcos que me abarcan las mejillas. Bebo. Bebo y hablo con Paula, objeto inanimado que se transformo en compañía.

- Sabes Paula quiero por un instante abandonarme, deseo no llevar la muerte encarnada en las espaldas de esta leve vida. Sentir que alguien brindo por mi; sin razón aparente, sin condición ni sentido. Quiero curarme del tiempo con todas mis letras; mostrarlas, cantarlas, tirarlas al viento, regalarlas al mar. Ya he pecado bastante sintiendo que el deseo no estaba en mí; muy dentro, muy profundo, imperceptible esperaba la ejecución que olvide, ese rumor de ausencia, permanente búsqueda. Quiero que el deseo me contagie amaneceres, quiero correo vestido de deseo, de esta carencia que siento necesaria. Y volver, algún día volver, a las fuentes, al líquido, al mar uterino de mi madre regalándome la vida.

Me siento frente al monitor; ya no lloro, no tiemblo. Mis manos acarician seguras el teclado:

“Aquí estoy envuelto en hojas de destierro, y en mi saber no me apiado del espejo que muestra los límites. Escribo la vida de estos, que no dejan de ser mis fracasos, pero me acercan al triunfo de sentirme vivo. Añoro el destierro que vuelve a oscilarme, adoro su incertidumbre y sus no que me regalan desafíos y plegarias. Adoro el dolor que contamina mi mente, como adoro nacer y volver a matarme"

Sigue lloviendo. La lluvia, el agua, tienen esa maravillosa virtud de lavar todo.

lunes, 26 de enero de 2009

LA SEÑORITA YO - Cap 14 - Búsqueda


La duda, siempre existió la duda. No esta mal dudar; no sé si el amor, hasta antes de Manuel, alguna vez fue parte mía. No sé si ame o si amé sólo una vez. No sé si se ama una vez, y lo demás es un sencillo y pasatista accesorio de lo que fue el amor, su reemplazo o su desmesura, su querer no querer sentirse en soledad; un fetiche, un artilugio. Buena es la frase: nada tiene que ver el amor con el sentirse amado.
Me confieso: me he inventado a mí mismo, me he realizado en otros y ahora me busco. Sentí nostalgia en esa búsqueda de mí, y en las comuniones que creí encontrar, sentí todas las carencias y soledades posibles.
Trate de vivir ese amor, el de Manuel, como una especie de liberación, como una búsqueda del sentirme vivo con o sin sentido.
Esta búsqueda siempre la vivía como desamparo; una extraña separación y ruptura con todo lo que me rodeaba y me convertía en silencio, sobre todo cuando crecía en mí la primitiva sensación; la certeza de saberme solo.
Sí había un lazo que me unía a esta vida fue roto cuando comprendí que no quería llevar a cuestas mi pasado.
A pesar de Manuel y de todos aquellos que pasaron por mi vida, mejor dicho por mi cuerpo, saberme solo significo tener conciencia de mí y por otro lado un irrefrenable deseo de querer salirme de mí. Fluctué entre todas las posibilidades que se fueron dando y sobreviví sin la menor intención de hacerlo.
Digo sobreviví, porque nunca asocie la soledad a la pena sino al vacío y este debía ser llenado con trozos y destrozos, restos y fracasos. A medida que lo completaba volvía a vaciarse y así era mi búsqueda y sus consecuencias.
Tampoco me sentía yo frente al espejo, nunca fui yo; ni siquiera el niño, o aquel adolescente que, sin sueños, deseaba un escape.
Aquí comprendí el magnifico poder de redención de la soledad: era su condena, algo así como un castigo, pero al final del camino, la promesa de construirme nuevamente. En esa promesa, que fue tiempo; nací y morí. Simplemente nací y morí solo; mi nacimiento y mi muerte fueron experiencias de soledad.
Todo lo aprendido fue saber que la vida era un sendero, un puente hacia la muerte y ese puente quise cruzar. Nunca me enseñaron a vivir, como tampoco a amar, pero siento que fui un buen alumno de la muerte.¿No la busque acaso detrás de cada encuentro?
Busque saber si morir seria volver a una vida que precedió a esta, o tal vez si la muerte era la vida verdadera. ¿Nacer es morir o morir es nacer? ¿No es acaso lo mismo, no da lo mismo?
Todo lo creado en algún momento es o será destruido, arrasado, desmembrado y todo, absolutamente todo, por el amor; ese estado que creemos roza la perfección y nos introduce en el origen nuestro que no es más que el caos. El amor es lo que hace todo inaccesible, lo que a todo se opone; leyes, creencias, morales y hasta aquellas personas involucradas en su proceso.
Yo ame y en el siempre nocivo intento, aparté y excluí todas mis costumbres, toque la imagen de aquel que nunca fui; la toque como carne que se niega a si misma, la bebí como sangre de dioses y adioses. Fui un preciado objeto de deseo, un cerdo que se ahoga en el fango y hasta una visión dócil y despiadada que sólo se limito a contemplar lo efímero de las cosas y los instantes.
¿Por qué nunca pude ser dueño de mí frente a la imagen de los otros? ¿Por qué perderme en los suburbios de la piel, en las formas inventadas y mentirosas de lo creído cierto?
Es simple; el error es creer que el amor es divino, que todo lo transforma. Y no; lo divino es un invento del hombre para darse sentido. El amor también. Como toda cosa creada sin dioses tiende a ser parte de los desechos integrantes de los hombres. El amor no es nunca algo natural, es la imposición que nos ponemos para no reconocernos seres solos. Es el obstáculo, el paso previo a la verdadera naturaleza del hombre: su soledad.

LA SEÑORITA YO - Cap 13 - Siempre alguien es lo que dice ser


Estoy trabajando y, mientras lo hago escribo, el impulso me lleva a la maquina y de allí a las palabras. Tengo la sensación de que escribo vacío sobre vacío, otra vez material de ruinas: la nada, mierda. Siempre tengo esa sensación. Las palabras salen y a veces, muchas, no encuentran su lugar en la frase, en la oración o en el texto. No importa, en algún momento se sabrán halladas. Sigo escribiendo sobre esa esquina, claro que hoy hay sol, claro que esa gente, de aquella esquina ya no están físicamente, pero no puedo olvidarme de lo visto y trato de volver a ellos con mí imaginación.
Preparo algo de tomar, voy hasta el dispenser de agua de la editorial y me preparo un café. Hace un par de anos que trabajo como lector y corrector en una editorial, eso me facilita el contacto con el ambiente literario pero por sobre todo con la lectura.
Manuel viajo a Misiones por su trabajo. Hace dos días que escribo sin parar y eso me llena de felicidad y dudas; escribir sin que me cueste hacerlo me hace dudar de lo escrito. Parece que mi vida es una duda. Decido descansar un rato para no perderme en el texto. Ayer, en lo de Hernán, me reí bastante, con ganas, como hacia mucho tiempo no reía. Hernán es divertido y buena persona, despreocupado de todo, se toma la vida como un transito necesario pero no indispensable; vive el día o su propio Carpe Diem. Reí mucho cuando me contó que llama a una línea de encuentros; ni idea qué es, le dije yo. Con detalles me contó que en una línea gay circulan las voces de hombres que buscan hombres, en su mayoría para sexo.
Decido llamar como una forma de distracción, para olvidarme o alejarme un poco de lo escrito, del trabajo, en definitiva, de mi rutinaria cotidianidad.
Marco el misterioso, para mí, número de encuentros, una voz presenta todo y anuncia:

Hola te comunicaste con tu línea de encuentros, en ella encontrarás gente con tu misma onda. Te recordamos que esta línea es para adultos. Si sos mayor de 18 anos marca el 1(¿y si tengo trece y marco igual el uno, adivinarán mi mentira?). Después de la señal tenes 60 segundos para dejar tu presentación. (¿Qué tendré qué decir? Me considero creativo: Hola soy Sergio), tú presentación es: - hola soy Sergio - Si ya conoces la línea y queres usar el método avanzado apretá el nueve. Entraste al salón, a continuación podes hacer tus contactos.



De ahí en más, una la catarata de poesía gay, heterosexuales que quieren probar las virtudes con gente de su mismo sexo, masoquistas, onanistas y demás integrantes de la fauna humana (perdón a los animales), comienza a desarrollarse naturalmente.

- Por Caballito con lugar.
- Hola soy José con ganas de pasarla bien.
- Petiso busca activo con buen pedazo.
- Hola soy Mariano, de Berazategui, 28 años, muy caliente, con ganas de conocer gente muy copada, nada serio.
- Macho pasivo busca activo que me haga la cola.
- Buen día, estoy muy caliente, con ganas de hacer algo telefónico.
- Casado activo-pasivo. Tengo puesta la tanga de mi mujer, busco paja.
- Busco paja con activo bien hijo de puta antes de ir a laburar.
- ¡Holaaaaa, buenos días!, si queres gozar mucho llámame y te hago un muy buen pete. Zona de Once.
- Muy calentito, al palo, me va cualquier cosa.
- Hola quiero hablar con un camionero para que me de pija.
- Macho caliente busca otro igual para garchar.
- Quiero un macho que se haya levantado con la pija dura. Si es personal de seguridad, camionero, colectivero o de alguna fuerza armada, bienvenido.
- Pendejo 22 anos taxi boys, 100 % activo.
- Busco macho activo.
- Hay alguien que este interesado en tener algo en la boca, que me llame ya.
- Pasivo en Recoleta.
- Activo 45 morboso degenerado. Busco pasivo para coger y hacerlo sentir mi hijo.
- Mecánico activo de trampa con buena dotación, más grande que el promedio, 20 x 5. 1.82 80 kilos 42 años, tipo turco, para encuentro con pasivo.
- Pendejo con apuros económicos, 21 x 5 reales. Por treinta pesos te hago la cola.
- Por Palermo con juguetes, ¿me los metes todos?.
- Tripa de 24 x 5 esperando travestí golosa o pasivo bien nenita.

Me dan mucha risa todos esas palabras inalámbricas, combinadas con sexo…, risas y asombros divertidos; ¿cómo pueden dejar esos mensajes? ¡Es un gags tras otro!. No paro de reír, no me sale contener la risa. Me imagino al de Palermo rodeado de soldaditos de plomo, autitos de colección, algún que otro Kent, metiéndose todo el culo cual Mundo del Juguete interior. O al mecánico, cubierto de aceite que te sienta en un radiador, saca la pija y te dice - ¿que ashes como anda, chúpamela toda!. Y las preguntas siguen: ¿qué es un activo bien hijo de puta? ¿Qué tiene que ver la madre del pobre rompedor de ortos?. ¿Tripa de 24 x 5?; pobre de aquella mariquita que la pruebe. El apurado económicamente, ¿con treinta pesos soluciona todo?; me dan ganas de mandarle un mensaje diciéndole que se los doy yo, sin compromiso alguno. ¿Y si la mujer del que le usa la tanga siente el olor a huevos de él?; ¿qué necesidad de usarle la ropita interior a tu jermu con lo baratas que salen las bombachas ?
Otros mensajes alentadores.

- ¿Queres qué te cuente como me cogí a mi hermana?. (¿ A quién le puede calentar eso en una línea gay? Ya tenes que ser muy perverso)
- De paso por Buenos Aires, busco experiencias nuevas. (lindas sorpresas te vas a llevar en Buenos Aires, con tanto balandra suelto)
- Pasivo muy afeminado quiere tomar leche. (¡Nena!, comprate una caja de leche, qué aún es barata y no corres riesgo de contagiarte nada)
- Milico de trampa busca activo que le rompa bien el culo. ¿Pagando culpas?
- Busco pareja homo para ser su esclavo. Quiero que me hagan limpiarles la casa, fregar los pisos, lavar la ropa y como castigo me cojan los dos a la vez. (Un psicólogo a la derecha)

De repente, suena un siempre en el auricular de mi teléfono anunciando: tenes un mensaje de: - Juan Ignacio, estoy en el centro, busco conocer a alguien para algo interesante. Si queres aceptarlo marca el uno, si queres saltearlos marca tres, si no queres escuchar más a estar persona marca el cinco. Marco el uno.

- Hola Sergio, ¿cómo estas?, soy Juan Ignacio de Capital, tengo treinta y nueve años, mido un metro ochenta y cinco, peso 82 kilos, ojos marrones, castaño claro. Si te va, seguimos.

Si queres mandar un mensaje apreta el uno. Marco el uno. Tenes treinta segundos para mandar tu mensaje.

- Hola Ignacio supongo que tengo que presentarme (siempre tan idiota yo) eh… bueno soy Sergio, tengo 32 años, mido un metro ochenta, peso 75 kilos, tengo ojos claros, castaño claro y también estoy en capital.


Mensaje enviado.

Tenes un mensaje de: - Juan Ignacio por capital busco conocer a alguien para algo interesante. Si queres aceptarlo marca el uno, si queres saltearlos marca tres, si no queres escuchar mas a estar persona marca el cinco. Marco nuevamente el uno.

- Me gusto tu descripción ¿por dónde estas?. El centro de Buenos Aires es grande yo estoy por Cerrito y Viamonte, vos?

Si queres mandar un mensaje apreta el uno. Uno. Tenes treinta segundos para mandar tu mensaje.

- Tenes razón el centro es grande,… eh, ¡ah!, a mí también me gusto tu descripción. ¿Estás por Cerrito y Viamonte?, ¡qué casualidad, yo en Viamonte y Florida, muy cerca.

Se repite mensaje tras mensaje:

- Macho pasivo busca activo que me haga la cola.
- Buen día, muy caliente con ganas de hacer algo telefónico.
- Casado activo-pasivo. Tengo puesta la tanga de mi mujer, busco paja.
- Busco paja con activo bien hijo de puta antes de ir a laburar.
- Hola buenos días, si queres gozar mucho llámame y te hago un muy buen pete. Zona de Once.
- Muy calentito, al palo, me va cualquier cosa.
- Hola quiero hablar con un camionero para que me de pija.
- Macho caliente busca otro igual para garchar.


Tenes un mensaje de: - Juan Ignacio por capital busco conocer a alguien para algo interesante. Si queres aceptarlo marca el uno, si queres saltearlos marca tres, si no queres escuchar mas a estar persona marca el cinco.

- ¿Te parece que nos veamos? No conocemos y si hay onda hacemos algo.

Le respondo:


- Me parece bien, dale. Te doy mi celu, me llamas y arreglamos.

Me pongo nervioso; nunca conocí a nadie de esta forma. Es la primera vez que entro a la línea. Cuelgo. Inmediatamente suena mi celular.

- Hola ¿Sergio?
- Si.
- ¿Cómo estas? Recién hablamos por la línea, soy Juan Ignacio.
- Hola Juan, ¿todo bien?
- Si, tenes ganas de que nos encontremos me dijiste que estas cerca. Nos vemos y bueno, nada vemos si tenemos onda.
- Dale, te parece en quince minutos en la esquina de Cerrito y Viamonte?
- Si. Yo estoy de traje azul y ya te conté mi descripción. ¿Vos?
- Yo de jeans azules, y saco de corderoy marrón.
- Te espero entonces.
- Ok, ya voy.

No encontramos en la esquina. Hace frío, parece que siempre hace frío, o quizás esa sea mi sensación. Es atractivo, grandote, tal cual se describió. El traje azul lo magnifica. Tienen unos bellos ojos claros, como dos transparencias, dos entradas a su alma. Me saluda con un beso y me invita a tomar un café.
Me cuenta algunas cosas de su vida; hace tres meses se separo de una relación de cinco años, vive solo, trabaja en turismo, su familia es del interior, etc, etc.
Cuando me invito a tomar un café pensé que sería una pérdida de tiempo ir; lo único que quería yo era sexo con ese hombre, como con todos. Cuando me di cuenta que hacia dos horas que estábamos conversando en el bar, mi visión sobre los encuentros ocasionales cambio y el miedo volvió a paralizarme.
También le conté de mi vida y le dije que estaba en pareja, como les decía a todos. – Me lo imaginaba, alguien tan lindo e interesante como vos no podía estar solo – respondió Juan Ignacio. ¿Por qué no podría estar solo? –pensé- ¿qué uno sea lindo, es sinónimo de que tiene que estar en pareja?¿Qué es lo interesante? No todos saben como soy realmente, no todos tienen que saberlo; no todas las personas son importantes para mí, como para que desnude mi interior a todos. A mi no me interesó nunca que sepan todo de mí; la información es una arma de poder, que con el tiempo se torna peligrosa. El silencio más que nunca, en un ambiente como el gay, es salud.
Seguimos hablando; yo tenía una especie de encantamiento, lo miraba distinto a todos, un frío vegetal y seco me corría por el cuerpo. Mi celular se llenaba de mensajes de Manuel preguntándome a que hora llegaría al departamento. Estaba demasiado interesado en escuchar a Juan Ignacio como para responder las inseguridades de Manuel. Juan Ignacio por momentos me hacia recordar a mi primer amor, la transparencia de su voz, la dulzura de las palabras, me volvía a aquella noche en la parada del colectivo 132.
La noche había vencido al día. – Bueno, ¿vamos? – me dice levantándose de la mesa.

– Vamos – le respondo.



Salimos del bar, como entramos, hablando.

- Sabes Sergio, se me hizo un poco tarde y tengo una cena con amigos. – me dice y me desorienta, siento una leve congoja, no quiero que termine esta noche, este conocimiento -
- Eh… bueno, todo bien. – le respondo.
- Bueno, mejor, tengo tu celular, ¿te puedo llamar sin problemas?
- Si claro, llámame cuando quieras y nos encontramos a charlar.
- Quedamos así entonces. Chau
- Chau.

Me dio un beso y se fue. Me quede unos segundos viéndolo. Me quede inmóvil, durante unos segundos pensé si ahí se iba una posibilidad de sentirme amado de verdad. Al decirle la verdad sobre mi situación, supongo, no le habrán dados ganas de hacer nada conmigo. Era muy notorio que buscaba algo serio, más allá de no nos habíamos conocido en una linea de encuentros donde nada es serio. No tuvimos sexo, sólo hablamos, y ahí radico el sentido de mi desesperanza.
Me quede pensando una única certeza: nunca me llamaría.
Subo al colectivo, necesito no pensar; la gente en estos vehículos suele ser lo suficientemente llamativa como para imaginarme sus vidas grises y monótonas. Voy llegando al departamento, ahí estará Manuel, esperándome. Suena mi celular.

- Sergio, soy Juan Ignacio.
- Hola Juan, decime...
- Bueno, eh… quería decirte que no me pareciste un tipo para ir a coger de una. No se que decirte. Me gustaste, me gustaste todo. Quería saber si nos podemos ver otro día o por ahí si podes el fin de semana, más relajados, más tranquilos. Perdóname pero no sé qué me paso. La verdad me sentí muy cómodo con vos. – me dijo con voz tímida y temblorosa.
- Bueno,… este…gracias, yo…. – respondí
- Tenes razón. Me olvide que estas en pareja. Perdóname, pero bueno…
- No nada que perdonar, todo bien. ¿Cuándo queres qué nos veamos y dónde?.

Entro al departamento, Manuel esta mirando un programa de chimentos. Lo saludo con un beso. Cenamos y nos acostamos. Me abraza y siento en ese abrazo toda la dulzura de la voz de Juan Ignacio y la mia propia diciéndole: Si te parece el viernes, en tu casa. La historia suele tener a repetirse.