domingo, 1 de febrero de 2009

LA SEÑORITA YO - En el origen nunca es el verbo, sino el final


“en lo mas crudo del invierno aprendí al fin , que había en mi un invencible verano”
(Albert Camus)



No estoy triste. Sé que otra vez voy a volver a todo aquello que no quería volver. Me pregunto ¿para qué volver?, si volver es otra forma inútil de partir, de no estar.
No estoy triste; estuve triste cuando me dí cuenta que no lo amaba que ya no amaba más a Manuel, y me dolió. No me arrepiento de todo lo que hicimos. Me enfurece la forma en que lo hicimos y como se fueron dando las cosas, me enfurece haberlo conocido a destiempo. Me enfurece saber que todo lo que él hizo, no deseaba hacerlo; todo eso era sólo era una forma de no sentirse tan triste y vació, tan disfrazado de soledad. Una forma de escape hacia lo que no tiene escape alguno. Una forma idiota de no pedir auxilio.
Siento bronca al saber que no pude hacer nada, que no pude hacer nada para ayudarlo. Siento miedo al afirmarme que se perdió en un mundo que no lo encuentra, porque Manuel no quiere dejarse encontrar.
A Manuel, como siempre, lo veo triste, lo siento triste. El es triste. En realidad, no sé si me daba pena su tristeza, no debí nunca identificarlo con la tristeza, sino con las situaciones tristes que vivía; también él estaba cansado de fracasar en sus relaciones, porque esto de conocer a los otros se tornaba un acto repetitivo y aburrido.
Empezar, siempre empezar; es un inicio con final anunciado. Contar las mismas cosas al próximo que creerás para siempre, repetir la historia, avizorar el final. Callar cuando hay que hablar, hablar cuando hay que callar, ocultar cosas por miedo a herir .
No, definitivamente ya no estoy triste, supe donde ubicar la tristeza, aunque esta es como un camino que no tiene fin. Me pregunté que haría Manuel sin mí, y la respuesta fue simple: seguiría viviendo, nadie es indispensable en la vida del otro y menos cuando el vínculo se corta, se desgasta. Nada es más fácil que vivir, nada más certero. Uno vive hasta que muere; lo que exista en el medio es lo que uno elije, lo optado y lo dejado. Debe ser verdad esa idea de que el hombre por ser hombre, sabe que en algún momento morirá y a partir de esa certeza, busca la muerte en forma permanente. Pienso también que no necesariamente la muerte buscada debe ser física, algo así como estar muerto en vida, como no estar aquí porque todo duele demasiado.
Leo un texto que siempre me cautivo, un texto que me recuerda a Manuel , a su vida:


“El camino detrás del instante en que hoy estaba, adquiría de pronto la forma de un atajo y volvía a cruzar la avenida de su vida. Hubiese querido en más de una ocasión no ver la señal de cruce, pero como no cruzarlo era detenerse, se sumergía en una senda sinuosa creyendo que lo necesario era una recta final. Siempre así y todo volvía a ese primer instante. De pronto creyó lograrlo, en la recta todo era claro, seguro; ya no miraría hacia atrás y solo era cuestión de lanzarse hacia delante. Hasta que llego a un puente y se encontró mirando su vida desde arriba. Estaba ahí; tendida en el lecho del río, seca, aparente, sin opciones, lisa como una cinta de asfalto, sin sobresaltos. Miro hacia todos lados. Lloro, rió, maldijo y no pudo encontrar la razón de tal descontento. Entonces su visión se alejo de las rutas, caminos, atajos, sendas; cargo en su mochila la vida que le cabía, se lleno de esperanzas para recorrer los caminos del azar y sintió que no necesitaba más que un desconocido camino”(Alejandra M. V.)


Este texto es su foto, su radiografía. Siento que una parte mia murió con él.
Todo fin, tiene como destino un comienzo, o ese origen que avecina un final. Volví a empezar, por supuesto, con la creencia firme de que mi vida nunca volvería a ser igual. Lo único que permanecían intactas eran mis ganas de creer en el otro, o en el próximo. Las ganas de recuperar el amor, la confianza. El deseo de sentirme amado y amar. Después de todo el amor es algún extraño tipo de motor que nos da fuerzas para seguir.
El amor o la idiotez, su sinónimo. La idiotez linda de saber que hay alguien, un alguien que no esta por estar. Que no ocupa un lugar vacío, sino un espacio lleno.
He leído del amor, he creído y creo en el amor, aunque nunca pude definirlo. ¿Es, acaso, el amor una sensación placentera, cuyo hallazgo es una cuestión de azar, algo con lo que uno "tropieza" si tiene suerte?
Todos estamos sedientos de amor, todos lo necesitamos. Vivimos viendo películas basadas en historias de amor felices y desgraciadas, escuchamos patéticas canciones que hablan del amor y nos olvidamos de pensar en todo lo que hay que aprender del amor.


Para mí, creo que para la mayoría de las personas, el problema del amor consiste, fundamentalmente, en ser amado, y no en amar; muchas veces olvidamos nuestra propia capacidad de amar. El problema era cómo lograr que me ame, cómo ser digno de amor. Imposible lograrlo, imposible saberlo. Tal vez yo no le estaba dando amor o lo que él creía como amor. Las creencias también pueden ser un arma letal. Siempre juro amarme, y quien sabe, tal vez fue verdad. Tal vez fui el gran amor de su vida; la persona con la cual quería morir, como solía decirme. Pero tampoco yo, supe entender esa clase de amor. En fin, palabras al viento dichas y en el viento destrozadas.

- No me dejes - me decía envuelto en lagrimas, mientras yo cargaba mi bolsos con cosas mías.
- Es lo que vos elegís Manuel, vos buscas que te deje. Yo no te dejo, los dos nos dejamos - le respondí yo.
- Por favor, dame otra oportunidad.

- La oportunidad dátela vos,pero no conmigo.



Durante el breve dialogo de nuestra despedida contuve el llanto; no quería llorar frente a Manuel. Quería que me vea superado, abstracto en realidad. Ordene todas mis cosas y llame un taxi. Me quedaría algunos días en lo de Daniel hasta que encontrase un departamento para mí. Nos despedimos a las ocho de la noche de un jueves, esa noche no pude dormir. Mi cabeza no paraba de pensar y Manuel me atormentaba llamándome y mandando mensajes al celular. Nunca le dije que estuve en lo de Daniel, hubiese ido a buscarme, y lo que menos quería era verlo en ese momento.
La ruptura en mí se fue dando paulatinamente, comenzó a deslizarse en aquel primer engaño, de su parte, hasta la caida final en un precipicio negro y sin retorno. Hacia tiempo que veníamos naufragando sólo que Manuel no lo veía, o no lo asumía. Yo le daba pequeños indicios y, si discutíamos, grandes pruebas de que la relación no iba. Pero el quería seguir. Paralelamente yo ya sentía no amarlo, en realidad mis energías estaban puestas en Juan Ignacio, con el cual me veía casi a diario a la salida del trabajo y compartíamos grandes charlas, todo sin tener contacto sexual. Éramos como grandes amigos; Juan Ignacio me respetaba y respetaba mi relación con Manuel.
Con Juan Ignacio fue con la única persona que sentí que traicionaba a Manuel ya que me estaba involucrando sentimentalmente, y ese sentir no me permitía actuar. El juego de los amantes puede ser peligroso.
Una noche, que acompañe a Juan Ignacio a tomar un taxi, cuando lo fui a saludar, me dio un suave y prolongado beso en la boca. Interiormente tambalee. Las personas que caminaba por Córdoba y Florida reían, cómplices de tanta liberación o daban vuelta la cara, cómplices de tanta represión. En ese beso, todo lo que me faltaba se instalo en mí. Ese beso inicio el derrumbe decisivo en mi relación con Manuel. Un beso. Sólo un beso.
Cuando llegue al departamento ya vi con otros ojos a Manuel. Me propuso ir a bailar y no acepte. Se enojo, me insulto, y se fue.
A la seis de la madrugada sentí como que golpeaban la puerta del departamento, me asuste un poco pero decidí abrir. Era Manuel, tirado en el pasillo, la cabeza apoyada en la puerta. Vomitaba, hablaba cosas que nunca supe descifrar. El olor a alcohol era insoportable. Como pude lo entre, lo desvestí y lo acosté. Me quede levantado, prepare café y me puse a leer y a observarlo. Tenia la respiración agitada, daba vueltas por la cama y, de a ratos, decía mi nombre. Me tranquilizaba saber que yo estaba ahí, con él. Me intranquilizaba saber que no sabia lo que había hecho y si le habían hecho algo malo. Esa tranquila intranquilidad culminó con el derrumbe de mi relación con Manuel.
A media mañana, luego de haberle dado un te, que nunca supe si se dio cuenta, pero que tomo, me fui a trabajar. Al mediodía lo llame para saber como estaba, me dijo que bien y me pregunto a que hora volvería yo. No sé,- le respondí-, sabiendo que ese día no volvería. Otra vez mi celular invadido de sus mensajes, otra vez mis no respuestas. Deje pasar ese día, negro por cierto y volví al departamento con la firme decisión de dejarlo. Me preguntó ¿por qué lo dejaba, por qué lo abandonaba?. No profundice mucho, sólo le dije que la relación no daba para más. Él lloraba y yo guardaba mi llanto. Cuando me dijo que no podíamos cortar por una borrachera, que además los dos nos amábamos, tome la decisión de cortar todo por lo sano; que en ese momento lo sano era solamente uuna mentira de mi parte:


-Manuel ya no te amo.
- Me estas mintiendo – me dijo él.
- No. Para nada, ya no te amo y no voy a seguir un minuto más con la mentira de sostener una relación sin amor . - afirme.

Detenerme en recordar todo lo que paso ese día es la nada. Fue un día de mierda, aunque no exista el primitivo sentimiento del inicio, cortar una relación siempre es doloroso. No me importaba ya su salida nocturna, ni que le hayan robado dinero y que Manuel no sabia bajo que circunstancias. Un día de mierda, pero un día indiferente y necesario a la vez. Mi única realidad era que ya no podía hacerme cargo de su vida, no podía seguir cuidándolo como si fuese un enfermo terminal que necesita en sus últimos momentos sentirse querido, amado y respetado por quien lo acompañaba. En definitiva, me sentía una enfermera atendiendo heridos en alguna guerra de un país que estaba destruido.
Me instale en lo de Daniel y un mes después alquile un departamento. Lo pinte todo de blanco. Puse pocos muebles, solo los necesarios. Acomode mis libros y me instale con Paula, mi computadora, la única compañía posible en ese tiempo.
Durante algunas semanas Manuel me llamaba a toda hora para saber de mí. Yo atendía sus llamadas, pero me negaba a verlo, necesitaba tomar una prudencial distancia, al menos por un tiempo.
Cada vez que me hablaba pasaba por todos los estados emocionales: me insultaba, me halagaba, me desafiaba sexualmente, juraba amarme, decía que no aguantaba más vivir solo, que me extrañaba, que estaba enfermo y creo que tenia la inútil esperanza de recuperarme. Decía que tenía algo importante que decirme pero que lo haría personalmente. Jugaba, siempre jugaba conmigo y mis sentimientos. En ese entonces nunca me junté con él y, si era verdad que tenia algo importante para decirme, nunca supe que era.
Paralelamente, a mi separación con Manuel, comencé a frecuentar a Juan Ignacio; este sabia de mi situación, la entendía y respetaba mí decisión de estar un tiempo solo.
En el preciso instante que me separe de Manuel deje de tener deseos sexuales; sublime todo impulso hacia la escritura, la lectura y las reuniones con gente que hacia tiempo no frecuentaba. El sexo parecía ser un acto que o una palabra que no tenía significado alguno en mí vida. También el trabajo comenzó a ser algo intenso en mis horas cotidianas. Ni siquiera me pregunté por qué. Pasar de una vida sexual intensa a la nada fue un hecho que paso sin ser advertido en mi vida, pero hecho fundante en mi ahora. Entendía como persona, como humano que había cambiado o lo mejor; retornaba a mi esencia de ser solo o de ser solo para otro, no para otros. Lo único permanente es el cambio; aseguran sociólogos, psicólogos, economistas y demás psicóticos, algo de razón tendrán.
Cuando me separe mi creatividad literaria tuvo como un explosivo brote; no podía parar de escribir, de crear historias y no iba a permitir que nadie bloquease esta etapa de mi nueva vida. En estos cambios internos mios, tambien llegaron las sorpresas y buenas nuevas; una editora amiga me llamó para reunirnos; estaba interesada en publicar una novela mía que, tiempo atrás, le había dejado para que lea y opine. Todo en algún momento encuentra un cauce natural. Cuando alguien desea algo tanto, en algún momento, el universo, o quién sabe que fuerza superior, conspiraran para que eso suceda.
Amo levantarme a la mañana, preparar café, hacer las tostadas y desayunar en el balcón; un pequeño balcón terraza es un refugio ideal para mirar todo desde arriba sin que nada ni nadie nos haga mal. Me gusta estar en mi lugar; escuchar música, andar desnudo, me gusta hacer nada. Escribir cuando tengo ganas, sean las dos de la tarde o las cinco de la madrugada. Me gusta saber que nadie me jode y que no tengo horarios. Recibir sólo a la gente que quiero. Atender el teléfono y escuchar la voz de Juan Ignacio diciéndome que quiere verme. Esa sensación de sentirme novio de alguien es linda, casi placentera. Digo, tampoco sirvo para estar solo.
Claro que a veces lo extraño, a Manuel, es un sentimiento raro. Lo recuerdo como algo lindo; hasta suele robarme una sonrisa cuando recuerdo algunas peleas o cosas que pasamos juntos. Era un loco lindo, es un loco lindo.
A veces, en realidad cada semana, recibo un mail de Manuel. Me hace reír mucho contándome sus nuevas y calientes historias. Vive en Italia; conoció a un chico de Roma al mes de cortar conmigo, seis meses después de fue a vivir con él. Lo del mes de cortar conmigo es lo que dice Manuel, se que lo conoció cuando estábamos en pareja y que fueron amantes un tiempo. En ese entonces yo le preguntaba y él, por supuesto, lo negaba. ¿Qué necesidad no? ¡Qué tontera querer retenerme cuando ya estaba viviendo otra historia! ¿Qué le esperaría al tano?, allá ellos.

Lejos de ellos, lejos de Manuel, lejos de todo y de todos, yo; la Señorita YO. Aquel que a veces se pierde en los laberínticos espacios del pensamiento, aquel que se pierde en hojas en blanco, aquel que no quiere buscar porque se ha perdido en todo y en todos y sólo desea encontrarse.




Buenos Aires, Febrero 2009 del 2008

sábado, 31 de enero de 2009

LA SEÑORITA YO - Cap. 15 - Soliloquio del hombre que no espera


Toda confesión obedece a una culpa, al no decir lo que nos libera de nosotros mismos - pienso mientras llego al departamento, luego de haber pasado buena parte del día caminando, leyendo, escribiendo, recordando, luego de haber cruzado mis ojos con los de la anciana de mano extendida, que sólo me trajeron las imágenes de la piedad y el dolor, luego de haber visto caer algunas de las ultimas hojas de los plátanos de la plaza. Llueve como cada vez que muere alguien.
Giro la llave que me dará entrada a mi estar. Entro. El departamento es como una inmensa caverna; frío y atemporal. Siento consolidar un destino intranquilo y cerrado. En la habitación, un espejo pende sujeto del techo: refleja no muestra nada.
Me recuesto en la cama, inmensa cama, solitario desierto de algodón. El cuerpo yace en una cama. No tengo ganas de nada.
Espero, observo cada pared blanca del cuarto, ese espacio por el cual opte como último reducto de vida. O muerte, no sé bien, estoy en una búsqueda. Sólo veo, sólo siento vació blanco, ese indecoroso material de ruinas.
Cierro los ojos, una voz me ordena que escriba, que continué buscando el origen de esas personas, en aquella esquina, en aquel día lluvioso, como hoy. Buscar un nexo que me conecte a ellos.
No es tiempo para escribir, estoy cansado.
Observo mi interior, cierro nuevamente los ojos; recorro mis restos, la sangre abyecta, la nostalgia de abril, el fervor muerto y escapo. Indefectiblemente escapo. No quiero saberme ser. ¿Cuál es el sentido de llegar a conocerse?.
Pienso, dilato la mente y esfumo cualquier tentativa de encontrarme. Siempre pienso, en definitiva, para escapar de mí.
Me siento en los límites de la cama, los pies apoyados en la alfombra no temen al frío, el frío les teme a ellos, como lugar común, como costumbre. El frío es un estado del hombre y su dolor o su cobardía. Estiro los brazos, refriego los ojos y la miro a ella; quieta y dormida en el rincón. Hablo con ella:
- Mira Paula esta lloviendo, me gusta cuando llueve. La lluvia tiene ese efecto de traer a memoria cualquier nostalgia que teníamos dormida y eso puede ser esencial en mi escritura ¿ no ?. Recuerdo cuando era chico y veía desde mi cuarto como el agua del cielo penetraba la tierra; ¿no te parece una unión maravillosa?, lo divino y lo terrenal. Si hasta puedo sentir el aroma de tierra mojada o el frío de mis pies descalzos caminando por el pasto del parque. ¿Sentís cuantas memorias se acumulan Paula?; veo los pétalos llorosos de las violetas de los Alpes alegrando el quincho, escucho la voz, la voz, por momentos, atormentante de mamá llamándome para comer. ¿Tanto tiempo paso? ¿Tantas edades envejecieron a mí lado? Esta lluvia cada vez más fuerte. ¿Qué puedo hacer?, debo hacer algo, no quiero pensar, no quiero. Debo romper con todo lo que encarcela mi ser, debo romper todo.


Me asusto, cada vez que me descubro hablando con Paula, porque nunca contestara, igualmente le di nombre, forma que encontré para personalizar lo imposible. Si la nombro ella existe.

- Sabes Paula hoy empecé a escribir para el concurso, sí, estoy contento. No sé más que eso, pero hoy los dos tenemos trabajo. Voy a inventarles la vida a las personas que vi en esa esquina ¿Qué te parece? ¿Eh? ¿No te escuche? Esta bien, no digas nada. No importa. Nunca decís nada.
Releo algunas cosa que escribí hoy y no me convencen: “la verdadera naturaleza del hombre es la soledad”. Me dan miedo estas palabras escritas. No puedo escribir, camino hacia la ventana, aún llueve.


Vuelvo a Paula: Podemos planearnos un camino, marcarnos un trayecto y podemos dejar abierta la posibilidad de conservar un espacio vacío para la novedad, la mutación. No hay recorrido que no empiece con el tiempo, que no deja de ser un tirano, una novedad o un dolor.
Preparo un café, vuelvo: Ese impulso que lo dejo habitado en sí mismo, solo, roto, desintegrado. Mirando como cae esta lluvia que no hace más que palidecer sus horas. –No sé –– ¿no estaré condenando lo que no merece condena? ¿Quién soy yo para abrir un juicio así? Nadie. Dudo, , debo rever este párrafo.
Continuo, ahora con un dialogo: yo no cedo, no me intimidas. Si en algún momento pensaste que te necesito para vivir estas equivocado, muy equivocado. Mis medios son hartos suficientes para seguir. - ¿Entonces? – dijo Manuel. - ¿Entonces? – responde Sergio - Conoce otra gente, otros hombres. Rearma tu vida ¿Qué? ¿Te asustan los plurales? ¿Y qué crees que hiciste hasta ahora?. Tené amantes... pero, sabes, sobre todo sé un hombre, invéntate una vida y cuando la tengas, no la dejes ir. Pienso en el error de esta conversación, en cuantas veces cedí por amor, cuantas veces me encontré intimidado por amor.


Descanso mi desesperación. Me tomo un tiempo para acusarme, me recuesto nuevamente en la cama, no puedo parar de pensar y de verme para atrás. Miro a Paula; estéril aparato.
A la mente viene todo y todos; Manuel y si idiotez, los tríos sexuales; todas las veces que en el sauna nos entregamos al cuerpo casual, y causal, para solventar caprichos del hombre solo. El macho cabrio del ascensor, el sexo pago con Marcos, la posibilidad de rearmar una historia y rearmarme en ella con Juan Ignacio. Y además Matías, el masajista de Palermo y nuestro bacanales sexuales, Fernando gimiendo arriba de mi cuerpo cada vez que su novio viajaba, el otro Matías que dudaba de la fidelidad de su pareja y, como dudaba, se acostaba conmigo, y ¿si su pareja realmente le era fiel?. Viene a mi mente Fabián con quien todos los jueves pasábamos dos horas degustándonos los cuerpos. Fabián también estaba en pareja, era como el amante perfecto. Me daba morbo acostarme en la cama que él hacia el amor con su pareja. Cuando me canse de Fabián le dije simplemente una cosa:-Fabi me separe de mi pareja-, nunca más volvió a llamarme. Y así pasaron muchos, demasiados; Benjamín, el pequeño de veinte años, otro idiota que se enamoro de mí y tampoco volví a verlo. No recuerdo todos los nombres, aunque si, todos los cuerpos. Todos los rostros, todos dejaron alguna huella en mí. En un momento me di cuenta que Manuel era sólo uno más, pero en continuado.
Viene la voz de mi madre “Sergio…, Sergio, ¿venís? ,apurate que la cena está lista!, ¿ Estas escribiendo?. Mi bebe hermoso serás un gran escritor, ahora vamos a ir con tus hermanas a a pasear. ¿ Quiere más comidita mi amorcito ?. ¡No, no, no; no quiero nada!, ¡Dios, voy a enloquecer!. ¿Por qué , mí madre, paso toda su vida esperando de los otros?. Esperando al mal parido de su esposo, esperando mi éxito como escritor. ¿Por qué mama cargaste en mi mochila todas tus dudas, todos tus sueños?. Daniel siempre me decía: - Vos tenes algo sin resolver con tu madre, una especie de una simbiosis incestuosa algo así como la tendencia a seguir ligado a ella y a sus equivalentes; o sea tu familia, con la que no podes descargar ni compartir el insoportable peso de la responsabilidad, la libertad y la conciencia. En tú familia, o mejor dicho en tu madre, siempre buscas ser protegido y amado en un estado de seguridad, estado que pagas con el cese de tu propio desarrollo personal.
El recuerdo de mi madre siempre presente en este mundo que deseo y es no saber nada. Me duelen los ojos de verme y no hallarme en tanto dolor, arrancaría mis ojos enrojecidos, incapaces de elegir correctamente alguna vez.
Me incorporo, releo lo escrito: siempre guardó, en su interior, un motivo para despreciarlo. Paso su adolescencia pensando la forma en que podría hacerlo sufrir para así poder retribuirle todo el mal que le había hecho. El era su padre. Su eterno verdugo.
Pienso en mi padre, sólo es sinónimo de inexistencia. Sólo existe la nada.
Literariamente me gusta; contiene forma, pero no sublima el odio que el personaje siente por su padre. Me pregunto si un hijo puede odiar tanto a uno de los seres que le dieron vida, más allá del dolor que este le causó. Me respondo que si, y aunque no quiero leer más, ya que todo me lastima, continuo.
“… no puede dejar de pensar que el lugar del olvido es uno mismo. Que uno no se traslada y olvida, sino que traslada los olvidos y estos, una y otra vez, lo encuentran y lo habitan. No, no hay lugar que sea olvido. Su desprendimiento del mundo lo acompaña; la soledad, el saberse solo, sentirse solo, ajeno a él.
No hay lugar que no sea olvido, que no sea olvido. Me gusta lo escrito, siento que soy un poco yo, me siento próximo a esta definición que me viste de soledad. Busco otro café y enciendo un cigarrillo. Me siento frente al espejo, aspiro una bocanada blanca y me veo. Me aquieto.
Miro al espejo como una maldición que me refleja y castiga con una severa sanción destinada a crear en mí un monstruo rodeado de olvido"

- ¿Cuántos puedo ser frente al espejo?; ¿el bebe qué llora por comida?, ¿ el niño qué escucha el nocturno llanto de la madre sin entender qué pasa ? ¿Quién soy frente al espejo?; ¿El adolescente que observa la lluvia esperando el castigo de la voz materna? ¿ o aquél que se enamoro y fue despojado de todo lo que lo unía a él mismo?


Todas las multiplicidades me aparecen, disfrazada en el misterioso poder de las palabras, de las letras, de lo escrito como metáfora de cualquier afirmación.
Siento ser aquel que llego buscando cuerpos que arrasaron con el mío, la huella del pecado marcando mi piel. Sigo siendo el que envejece en cada palabra escuchada, en cada dolor visto, sigo siendo este que escribe sin encontrar el sentido a sus letras.

Miro a Paula.


- Nada de esto es ajeno a mí, Paula, nada. Miro afuera y nada es extraño; la gente persigue con el mismo encono al amor y la soledad, que son formas de lo clandestino, de lo prohibido: cuando más afuera estemos, mayores son las posibilidades de estar solos, de sabernos solos y nada más desesperado y bajo que creer salvarnos por el amor o en el amor.


Rió, las carcajadas retumban en una atmósfera de blanco aséptico, de tolerancia encerrada en miedo. Me aparto del espejo. Decido no acabar con el café y servirme alguna bebida dulce mezclada con vodka. Bebo la mitad del contenido.
Me siento nuevamente frente al espejo, me digo:

- ¿Y señor escritor, ya sabe quién es? Puede ser que sea una reveladora ambigüedad, un ser despreciable y deseable, una victima del amor o su caricatura. No, mejor una prostituta dentro de un circulo donde se aflojan los lazos que hacen intocable su cuerpo, eso; una puta o un hombre, ¿no es acaso lo mismo?, un hombre seductor que se encierra en sí mismo porque lleva dentro una mujer como instrumento de su vanidad y de su angustia. Así me reprimo y me guardo Paula, me guardo en un ataúd de nácar y poesía.

Rió. Nadie me ve; es sólo mi sombra, un caballero andante, un fantasma, un naufrágo de ese mar uterino que deseo.

- Nadie me ve Paula, soy mi verdugo y mi victima, estimulé mi crimen y me condene al desamor.
Bebo la bebida que queda en la mitad de un vaso a medio llenar, o a medio vaciar; ¿importa a caso? Siento la anulación de todo lo dicho porque no sé si creerlo. Ya nada me convence., acá estoy Paula, abierto en las ruinas del amor tan lejano, entregado a la locura, en la oscuridad de mis certezas. Anochece Paula y llueve, y en el aliento de esta noche inmensa, me volcaré a la escritura, a aniquilar mi silencio interior y lo que creo cierto.


Despejo cualquier intento de sentirme bien. Espío por la ventana un exterior cada vez más desconocido, cada vez mas tenebroso. Buenos Aires es la ciudad que me invento y que reinventó; la ciudad del absurdo, que bordea siempre cualquier limites, hacia cualquier abismo. Es la ciudad que te da el empujón al vació; esa caída libres de las imposibilidades. Buenos Aires nos mata y resucita en cada uno de los jirones y auroras en que nos convierte. En ella soy, al ser otro, el deseo de ser presencia en la mirada que me falta.


- Vértigo Paula, vértigo es lo que siento. Pero no. Porque también tengo ganas de salir. ¿O no? Si salgo, ¿que encontraré? ¿Mis historias son las historias que quiero contar? Podría estar caminando, ahora, entre esas personas, entre tantos hombres, sin embargo me quedo acá, observando tu torpe indiferencia, tú dejadez.

En definitiva ¿qué tiene para decir la gente? Nada. O mejor, pensándolo bien, mucho. Claro, eso es el miedo que siento, miedo a lo que digan, o lo que yo diga de ellos al escribirlos. Dirán algo, ¿alguna vez sabrán que les invente una vida?, Siempre te dije que los dos extremos eran terribles. ¿No te parece?.

Me recuesto en la cama, boca abajo, ladeo la cabeza hacia la computadora:

-¿No preguntas por qué son terribles los extremos? No importa, pero imagínate si nadie tuviera nada que decir... ¿ cómo vos, sin ir más lejos, qué esperas todo de mí, no?. Claro que esperas todo, hasta el silencio que, a veces, es otro desacierto. Ahora me callo, ¿Soportarías que me calle?

Sólo hay silencio; una habitación blanca. Un espejo, mí cuerpo despojado y tirado sobre un desierto de algodón con mis dudas y creencias, la creación dando paso a la destrucción.
Se que elegí la soledad como ultimo refugio; esa soledad del intento que no fue enfrentado: ¿hay otra soledad? ¿Existe el triunfo sobre sí mismo? Yo no sé nada de lo que quiero saber.

- ¿Sabes que pensé Paula? empezar hablando del Kairos. Sí... ¿te sorprende? El Kairos es el tiempo cualitativo de cada ocasión, ¿qué te parece?. Todos, hasta vos, experimentamos esa sensación de que llego un momento, digo, el momento de hacer algo, que ya estamos preparados para tomar un decisión .¡Claro!, eso es lo que me falta; la decisión a tiempo, la inmediatez del momento.

El Kairos y el sentir; ese momento que no puede ser, que no debe repetirse. Un instante en la vida, es sólo un instante. Pienso acostado buscando un indicio; quiero sentir gozarme de mí, encontrarme. No quiero salir a la pequeña terraza, aún llueve.
Curo mis falsos pudores; no siento temor, estoy en mí, mi caverna lo que habito: YO. Miro la habitación despojada de movimiento; blanca y estéril. Doy vueltas en la cama, dejo de pensar, deseo sentir, deseo desear. A veces pienso que en la vida todo lo necesario existe, es real, es creado. Luego pienso sobre lo pensado como lo imposible, algo eterno y dudoso en el devenir. Mejor que lo necesario pueda ser inventado y ahí salir a la vida; como el amor o la soledad.
Creo que mi memoria me abarca en una línea infinita de existir o no existir. Soy un interino reflejo en la existencia del otro, apariencia continua de éste, un mundo falso. Un modelo finito de existencia y silencio que alguna vez creyó ver el mundo desde arriba como un universo errante, bastión de nada.
Cuando pienso que lo necesario existe lo vivo como una innecesaria contrariedad.
Sé del tiempo; el que no tengo o el que recuperé en todas las edades que me han abandonado, y le digo a Paula: - Este momento, la inmediatez de este instante. Pero a ¿quién le hablo?, a una estúpida computadora, a una máquina barata que espera mi orden para tener vida. ¿No iban a dominar el mundo ustedes?! ¿Eh!?. Mírate; estática, triste y lo peor, inmune a todo lo que pasa a tu alrededor. Todo lo que sabes es porque yo lo meto dentro tuyo, en tu memoria, que no deja de ser la mía !.... ¿¡Ves cómo me necesitas!?.


La miro por el espejo, la miro y me ve como ella está: apagado, triste, inmune. El espejo sigue reflejando, sigue sin mostrar nada.
Insulto, rió y lloro. Vienen a mi mente mil imágenes, sensaciones de muerte despiertan mis sentidos. Vuelo; hay ensueño refugiado en un cello, palabras derramándose por las manos y los amigos como metáforas de otros refugios que se inventan. Veo un cuadro mostrando una paloma muerta y un niño que llora el vuelo que nunca será vuelo. Y deseo otro tiempo, el olor a roca que despiden las sierras, la tibieza del abrazo en la llegada, el dulce beso que disimulaba una espera, las bellezas que caminan sin destino sólo sabiendo que hay un lugar.
Otro tiempo; el refugio que me regalaba la luna haciendo el amor con las estrellas en un acto de sublimación infinita, buscándose como todos. Deseo otro cuadro: una paloma alada perdiéndose en el horizonte y un niño que ríe en un mar de ternura.
Empiezo a saberme, a sentirme otro. Pongo música, mi yo se desvanece, se adormece en el llanto de Piazzolla. Mi yo se enjuicia en un tribunal ilógico, sometido al miedo de la verdad; al roce desnudo del cuerpo escondiéndose en la cama, el agua fría de la manguera taladrándome los pies, ya mojados de esperas. Tiempo elástico, casi como la intensidad de lo nuevo.
Cuantos libros se me han acumulado, trayéndome memorias y presentes, jugando solitarios tras letras, música de dioses, remansos de esperanzas.
La música me absorbe. ¿ Para que olvidar – me digo - que soy un pasado, un trozo de tierra natal, un acontecimiento amoroso, una poesía que escapa en la visión o tentativa de ser palabra ?. Ahora soy un poco de mi mismo, un sueño sin despertar, un anónimo que goza y se pierde en el protagonismo de otros. Soy un alma errante que viaja sin saber donde.


Quería hablar del tiempo, pero mis horas no pasan, son inútiles y desmedidas. Mueven sus minutos quietos tras el cristal del reloj. No pasan. No abren senderos, no destilan amaneceres, no aparcan en la noche. Las horas no pasan; hay quietud a veces, soledades otras veces. Quiero hablar del tiempo pero el tiempo no responde a ningún nombre. Creo que las horas son exilios; respiros de vida que creemos necesario.

- ¿Sabes qué deseo, Paula?, quedarme aquí dentro mío, sentir los limites del cuerpo, señalarles un orden. Sentir que el horizonte que me enmarca no conoce verticalidades en el alma. Deseo desear que sigo vivo, que se respira lavanda en mi comarca y las hojas del plátano siguen aun verdes en todas las estaciones. Si, deseo quedarme aquí, dentro mio; ver que el cartero se va, matando al remitente, creer que la ausencia que me empaña, toca la puerta y se aleja, sentir que las flores crecen aun bajo el manto níveo de julio. Deseo el silencio como preludio nocturno, dejar que pasen las horas, este tiempo de inútiles espejismos.

Leo una oración que escribí: Ese día entendió que sí, que todo era posible, hasta buscar la propia muerte en el amor. Siento que lo escrito me envejece, me condena, como condeno al personaje por algo que no se sí hizo.
Me levanto para ir a la cocina. Desde la puerta de cuarto veo la figura de un Cristo imponente, doliente, temeroso. Cierro los ojos ante el espanto de la cruz sosteniendo un cuerpo que siente propio.
Camino dejando detrás mio la imagen crucificada de mí vida. El pasillo es un largo sendero que culmina en puertas vaivén, tengo miedo. Lentamente me resiento; las piernas me pesan y los ojos se convierten en irrespetuosos manantiales de pesadas gotas.
Sé que atravesando esas puertas todo en mi envejecerá más; allí no hay nadie y es como enfrentarse al sinónimo de la crucifixión. Apoyo las manos en las puertas, que van y vienen, las atravieso y la metamorfosis es inmediata: la espalda encorva hasta sentir el peso de la cruz, las manos se surcan de sendos caminos azules transitados por la sangre fría, los ojos empequeñecen en una mirada húmeda y añeja, la piel pierde el brillo adolescente y la voz escapa tras balbuceos. Camino lento, muy lento. La mente ordena al cuerpo que no se detenga, detenerse sería caer. Mi cuerpo, que no es el propio pero lo siento así, busco la bebida e intento volver a la habitación.
Me recupero, me nazco nuevamente. Seco los surcos que me abarcan las mejillas. Bebo. Bebo y hablo con Paula, objeto inanimado que se transformo en compañía.

- Sabes Paula quiero por un instante abandonarme, deseo no llevar la muerte encarnada en las espaldas de esta leve vida. Sentir que alguien brindo por mi; sin razón aparente, sin condición ni sentido. Quiero curarme del tiempo con todas mis letras; mostrarlas, cantarlas, tirarlas al viento, regalarlas al mar. Ya he pecado bastante sintiendo que el deseo no estaba en mí; muy dentro, muy profundo, imperceptible esperaba la ejecución que olvide, ese rumor de ausencia, permanente búsqueda. Quiero que el deseo me contagie amaneceres, quiero correo vestido de deseo, de esta carencia que siento necesaria. Y volver, algún día volver, a las fuentes, al líquido, al mar uterino de mi madre regalándome la vida.

Me siento frente al monitor; ya no lloro, no tiemblo. Mis manos acarician seguras el teclado:

“Aquí estoy envuelto en hojas de destierro, y en mi saber no me apiado del espejo que muestra los límites. Escribo la vida de estos, que no dejan de ser mis fracasos, pero me acercan al triunfo de sentirme vivo. Añoro el destierro que vuelve a oscilarme, adoro su incertidumbre y sus no que me regalan desafíos y plegarias. Adoro el dolor que contamina mi mente, como adoro nacer y volver a matarme"

Sigue lloviendo. La lluvia, el agua, tienen esa maravillosa virtud de lavar todo.

lunes, 26 de enero de 2009

LA SEÑORITA YO - Cap 14 - Búsqueda


La duda, siempre existió la duda. No esta mal dudar; no sé si el amor, hasta antes de Manuel, alguna vez fue parte mía. No sé si ame o si amé sólo una vez. No sé si se ama una vez, y lo demás es un sencillo y pasatista accesorio de lo que fue el amor, su reemplazo o su desmesura, su querer no querer sentirse en soledad; un fetiche, un artilugio. Buena es la frase: nada tiene que ver el amor con el sentirse amado.
Me confieso: me he inventado a mí mismo, me he realizado en otros y ahora me busco. Sentí nostalgia en esa búsqueda de mí, y en las comuniones que creí encontrar, sentí todas las carencias y soledades posibles.
Trate de vivir ese amor, el de Manuel, como una especie de liberación, como una búsqueda del sentirme vivo con o sin sentido.
Esta búsqueda siempre la vivía como desamparo; una extraña separación y ruptura con todo lo que me rodeaba y me convertía en silencio, sobre todo cuando crecía en mí la primitiva sensación; la certeza de saberme solo.
Sí había un lazo que me unía a esta vida fue roto cuando comprendí que no quería llevar a cuestas mi pasado.
A pesar de Manuel y de todos aquellos que pasaron por mi vida, mejor dicho por mi cuerpo, saberme solo significo tener conciencia de mí y por otro lado un irrefrenable deseo de querer salirme de mí. Fluctué entre todas las posibilidades que se fueron dando y sobreviví sin la menor intención de hacerlo.
Digo sobreviví, porque nunca asocie la soledad a la pena sino al vacío y este debía ser llenado con trozos y destrozos, restos y fracasos. A medida que lo completaba volvía a vaciarse y así era mi búsqueda y sus consecuencias.
Tampoco me sentía yo frente al espejo, nunca fui yo; ni siquiera el niño, o aquel adolescente que, sin sueños, deseaba un escape.
Aquí comprendí el magnifico poder de redención de la soledad: era su condena, algo así como un castigo, pero al final del camino, la promesa de construirme nuevamente. En esa promesa, que fue tiempo; nací y morí. Simplemente nací y morí solo; mi nacimiento y mi muerte fueron experiencias de soledad.
Todo lo aprendido fue saber que la vida era un sendero, un puente hacia la muerte y ese puente quise cruzar. Nunca me enseñaron a vivir, como tampoco a amar, pero siento que fui un buen alumno de la muerte.¿No la busque acaso detrás de cada encuentro?
Busque saber si morir seria volver a una vida que precedió a esta, o tal vez si la muerte era la vida verdadera. ¿Nacer es morir o morir es nacer? ¿No es acaso lo mismo, no da lo mismo?
Todo lo creado en algún momento es o será destruido, arrasado, desmembrado y todo, absolutamente todo, por el amor; ese estado que creemos roza la perfección y nos introduce en el origen nuestro que no es más que el caos. El amor es lo que hace todo inaccesible, lo que a todo se opone; leyes, creencias, morales y hasta aquellas personas involucradas en su proceso.
Yo ame y en el siempre nocivo intento, aparté y excluí todas mis costumbres, toque la imagen de aquel que nunca fui; la toque como carne que se niega a si misma, la bebí como sangre de dioses y adioses. Fui un preciado objeto de deseo, un cerdo que se ahoga en el fango y hasta una visión dócil y despiadada que sólo se limito a contemplar lo efímero de las cosas y los instantes.
¿Por qué nunca pude ser dueño de mí frente a la imagen de los otros? ¿Por qué perderme en los suburbios de la piel, en las formas inventadas y mentirosas de lo creído cierto?
Es simple; el error es creer que el amor es divino, que todo lo transforma. Y no; lo divino es un invento del hombre para darse sentido. El amor también. Como toda cosa creada sin dioses tiende a ser parte de los desechos integrantes de los hombres. El amor no es nunca algo natural, es la imposición que nos ponemos para no reconocernos seres solos. Es el obstáculo, el paso previo a la verdadera naturaleza del hombre: su soledad.

LA SEÑORITA YO - Cap 13 - Siempre alguien es lo que dice ser


Estoy trabajando y, mientras lo hago escribo, el impulso me lleva a la maquina y de allí a las palabras. Tengo la sensación de que escribo vacío sobre vacío, otra vez material de ruinas: la nada, mierda. Siempre tengo esa sensación. Las palabras salen y a veces, muchas, no encuentran su lugar en la frase, en la oración o en el texto. No importa, en algún momento se sabrán halladas. Sigo escribiendo sobre esa esquina, claro que hoy hay sol, claro que esa gente, de aquella esquina ya no están físicamente, pero no puedo olvidarme de lo visto y trato de volver a ellos con mí imaginación.
Preparo algo de tomar, voy hasta el dispenser de agua de la editorial y me preparo un café. Hace un par de anos que trabajo como lector y corrector en una editorial, eso me facilita el contacto con el ambiente literario pero por sobre todo con la lectura.
Manuel viajo a Misiones por su trabajo. Hace dos días que escribo sin parar y eso me llena de felicidad y dudas; escribir sin que me cueste hacerlo me hace dudar de lo escrito. Parece que mi vida es una duda. Decido descansar un rato para no perderme en el texto. Ayer, en lo de Hernán, me reí bastante, con ganas, como hacia mucho tiempo no reía. Hernán es divertido y buena persona, despreocupado de todo, se toma la vida como un transito necesario pero no indispensable; vive el día o su propio Carpe Diem. Reí mucho cuando me contó que llama a una línea de encuentros; ni idea qué es, le dije yo. Con detalles me contó que en una línea gay circulan las voces de hombres que buscan hombres, en su mayoría para sexo.
Decido llamar como una forma de distracción, para olvidarme o alejarme un poco de lo escrito, del trabajo, en definitiva, de mi rutinaria cotidianidad.
Marco el misterioso, para mí, número de encuentros, una voz presenta todo y anuncia:

Hola te comunicaste con tu línea de encuentros, en ella encontrarás gente con tu misma onda. Te recordamos que esta línea es para adultos. Si sos mayor de 18 anos marca el 1(¿y si tengo trece y marco igual el uno, adivinarán mi mentira?). Después de la señal tenes 60 segundos para dejar tu presentación. (¿Qué tendré qué decir? Me considero creativo: Hola soy Sergio), tú presentación es: - hola soy Sergio - Si ya conoces la línea y queres usar el método avanzado apretá el nueve. Entraste al salón, a continuación podes hacer tus contactos.



De ahí en más, una la catarata de poesía gay, heterosexuales que quieren probar las virtudes con gente de su mismo sexo, masoquistas, onanistas y demás integrantes de la fauna humana (perdón a los animales), comienza a desarrollarse naturalmente.

- Por Caballito con lugar.
- Hola soy José con ganas de pasarla bien.
- Petiso busca activo con buen pedazo.
- Hola soy Mariano, de Berazategui, 28 años, muy caliente, con ganas de conocer gente muy copada, nada serio.
- Macho pasivo busca activo que me haga la cola.
- Buen día, estoy muy caliente, con ganas de hacer algo telefónico.
- Casado activo-pasivo. Tengo puesta la tanga de mi mujer, busco paja.
- Busco paja con activo bien hijo de puta antes de ir a laburar.
- ¡Holaaaaa, buenos días!, si queres gozar mucho llámame y te hago un muy buen pete. Zona de Once.
- Muy calentito, al palo, me va cualquier cosa.
- Hola quiero hablar con un camionero para que me de pija.
- Macho caliente busca otro igual para garchar.
- Quiero un macho que se haya levantado con la pija dura. Si es personal de seguridad, camionero, colectivero o de alguna fuerza armada, bienvenido.
- Pendejo 22 anos taxi boys, 100 % activo.
- Busco macho activo.
- Hay alguien que este interesado en tener algo en la boca, que me llame ya.
- Pasivo en Recoleta.
- Activo 45 morboso degenerado. Busco pasivo para coger y hacerlo sentir mi hijo.
- Mecánico activo de trampa con buena dotación, más grande que el promedio, 20 x 5. 1.82 80 kilos 42 años, tipo turco, para encuentro con pasivo.
- Pendejo con apuros económicos, 21 x 5 reales. Por treinta pesos te hago la cola.
- Por Palermo con juguetes, ¿me los metes todos?.
- Tripa de 24 x 5 esperando travestí golosa o pasivo bien nenita.

Me dan mucha risa todos esas palabras inalámbricas, combinadas con sexo…, risas y asombros divertidos; ¿cómo pueden dejar esos mensajes? ¡Es un gags tras otro!. No paro de reír, no me sale contener la risa. Me imagino al de Palermo rodeado de soldaditos de plomo, autitos de colección, algún que otro Kent, metiéndose todo el culo cual Mundo del Juguete interior. O al mecánico, cubierto de aceite que te sienta en un radiador, saca la pija y te dice - ¿que ashes como anda, chúpamela toda!. Y las preguntas siguen: ¿qué es un activo bien hijo de puta? ¿Qué tiene que ver la madre del pobre rompedor de ortos?. ¿Tripa de 24 x 5?; pobre de aquella mariquita que la pruebe. El apurado económicamente, ¿con treinta pesos soluciona todo?; me dan ganas de mandarle un mensaje diciéndole que se los doy yo, sin compromiso alguno. ¿Y si la mujer del que le usa la tanga siente el olor a huevos de él?; ¿qué necesidad de usarle la ropita interior a tu jermu con lo baratas que salen las bombachas ?
Otros mensajes alentadores.

- ¿Queres qué te cuente como me cogí a mi hermana?. (¿ A quién le puede calentar eso en una línea gay? Ya tenes que ser muy perverso)
- De paso por Buenos Aires, busco experiencias nuevas. (lindas sorpresas te vas a llevar en Buenos Aires, con tanto balandra suelto)
- Pasivo muy afeminado quiere tomar leche. (¡Nena!, comprate una caja de leche, qué aún es barata y no corres riesgo de contagiarte nada)
- Milico de trampa busca activo que le rompa bien el culo. ¿Pagando culpas?
- Busco pareja homo para ser su esclavo. Quiero que me hagan limpiarles la casa, fregar los pisos, lavar la ropa y como castigo me cojan los dos a la vez. (Un psicólogo a la derecha)

De repente, suena un siempre en el auricular de mi teléfono anunciando: tenes un mensaje de: - Juan Ignacio, estoy en el centro, busco conocer a alguien para algo interesante. Si queres aceptarlo marca el uno, si queres saltearlos marca tres, si no queres escuchar más a estar persona marca el cinco. Marco el uno.

- Hola Sergio, ¿cómo estas?, soy Juan Ignacio de Capital, tengo treinta y nueve años, mido un metro ochenta y cinco, peso 82 kilos, ojos marrones, castaño claro. Si te va, seguimos.

Si queres mandar un mensaje apreta el uno. Marco el uno. Tenes treinta segundos para mandar tu mensaje.

- Hola Ignacio supongo que tengo que presentarme (siempre tan idiota yo) eh… bueno soy Sergio, tengo 32 años, mido un metro ochenta, peso 75 kilos, tengo ojos claros, castaño claro y también estoy en capital.


Mensaje enviado.

Tenes un mensaje de: - Juan Ignacio por capital busco conocer a alguien para algo interesante. Si queres aceptarlo marca el uno, si queres saltearlos marca tres, si no queres escuchar mas a estar persona marca el cinco. Marco nuevamente el uno.

- Me gusto tu descripción ¿por dónde estas?. El centro de Buenos Aires es grande yo estoy por Cerrito y Viamonte, vos?

Si queres mandar un mensaje apreta el uno. Uno. Tenes treinta segundos para mandar tu mensaje.

- Tenes razón el centro es grande,… eh, ¡ah!, a mí también me gusto tu descripción. ¿Estás por Cerrito y Viamonte?, ¡qué casualidad, yo en Viamonte y Florida, muy cerca.

Se repite mensaje tras mensaje:

- Macho pasivo busca activo que me haga la cola.
- Buen día, muy caliente con ganas de hacer algo telefónico.
- Casado activo-pasivo. Tengo puesta la tanga de mi mujer, busco paja.
- Busco paja con activo bien hijo de puta antes de ir a laburar.
- Hola buenos días, si queres gozar mucho llámame y te hago un muy buen pete. Zona de Once.
- Muy calentito, al palo, me va cualquier cosa.
- Hola quiero hablar con un camionero para que me de pija.
- Macho caliente busca otro igual para garchar.


Tenes un mensaje de: - Juan Ignacio por capital busco conocer a alguien para algo interesante. Si queres aceptarlo marca el uno, si queres saltearlos marca tres, si no queres escuchar mas a estar persona marca el cinco.

- ¿Te parece que nos veamos? No conocemos y si hay onda hacemos algo.

Le respondo:


- Me parece bien, dale. Te doy mi celu, me llamas y arreglamos.

Me pongo nervioso; nunca conocí a nadie de esta forma. Es la primera vez que entro a la línea. Cuelgo. Inmediatamente suena mi celular.

- Hola ¿Sergio?
- Si.
- ¿Cómo estas? Recién hablamos por la línea, soy Juan Ignacio.
- Hola Juan, ¿todo bien?
- Si, tenes ganas de que nos encontremos me dijiste que estas cerca. Nos vemos y bueno, nada vemos si tenemos onda.
- Dale, te parece en quince minutos en la esquina de Cerrito y Viamonte?
- Si. Yo estoy de traje azul y ya te conté mi descripción. ¿Vos?
- Yo de jeans azules, y saco de corderoy marrón.
- Te espero entonces.
- Ok, ya voy.

No encontramos en la esquina. Hace frío, parece que siempre hace frío, o quizás esa sea mi sensación. Es atractivo, grandote, tal cual se describió. El traje azul lo magnifica. Tienen unos bellos ojos claros, como dos transparencias, dos entradas a su alma. Me saluda con un beso y me invita a tomar un café.
Me cuenta algunas cosas de su vida; hace tres meses se separo de una relación de cinco años, vive solo, trabaja en turismo, su familia es del interior, etc, etc.
Cuando me invito a tomar un café pensé que sería una pérdida de tiempo ir; lo único que quería yo era sexo con ese hombre, como con todos. Cuando me di cuenta que hacia dos horas que estábamos conversando en el bar, mi visión sobre los encuentros ocasionales cambio y el miedo volvió a paralizarme.
También le conté de mi vida y le dije que estaba en pareja, como les decía a todos. – Me lo imaginaba, alguien tan lindo e interesante como vos no podía estar solo – respondió Juan Ignacio. ¿Por qué no podría estar solo? –pensé- ¿qué uno sea lindo, es sinónimo de que tiene que estar en pareja?¿Qué es lo interesante? No todos saben como soy realmente, no todos tienen que saberlo; no todas las personas son importantes para mí, como para que desnude mi interior a todos. A mi no me interesó nunca que sepan todo de mí; la información es una arma de poder, que con el tiempo se torna peligrosa. El silencio más que nunca, en un ambiente como el gay, es salud.
Seguimos hablando; yo tenía una especie de encantamiento, lo miraba distinto a todos, un frío vegetal y seco me corría por el cuerpo. Mi celular se llenaba de mensajes de Manuel preguntándome a que hora llegaría al departamento. Estaba demasiado interesado en escuchar a Juan Ignacio como para responder las inseguridades de Manuel. Juan Ignacio por momentos me hacia recordar a mi primer amor, la transparencia de su voz, la dulzura de las palabras, me volvía a aquella noche en la parada del colectivo 132.
La noche había vencido al día. – Bueno, ¿vamos? – me dice levantándose de la mesa.

– Vamos – le respondo.



Salimos del bar, como entramos, hablando.

- Sabes Sergio, se me hizo un poco tarde y tengo una cena con amigos. – me dice y me desorienta, siento una leve congoja, no quiero que termine esta noche, este conocimiento -
- Eh… bueno, todo bien. – le respondo.
- Bueno, mejor, tengo tu celular, ¿te puedo llamar sin problemas?
- Si claro, llámame cuando quieras y nos encontramos a charlar.
- Quedamos así entonces. Chau
- Chau.

Me dio un beso y se fue. Me quede unos segundos viéndolo. Me quede inmóvil, durante unos segundos pensé si ahí se iba una posibilidad de sentirme amado de verdad. Al decirle la verdad sobre mi situación, supongo, no le habrán dados ganas de hacer nada conmigo. Era muy notorio que buscaba algo serio, más allá de no nos habíamos conocido en una linea de encuentros donde nada es serio. No tuvimos sexo, sólo hablamos, y ahí radico el sentido de mi desesperanza.
Me quede pensando una única certeza: nunca me llamaría.
Subo al colectivo, necesito no pensar; la gente en estos vehículos suele ser lo suficientemente llamativa como para imaginarme sus vidas grises y monótonas. Voy llegando al departamento, ahí estará Manuel, esperándome. Suena mi celular.

- Sergio, soy Juan Ignacio.
- Hola Juan, decime...
- Bueno, eh… quería decirte que no me pareciste un tipo para ir a coger de una. No se que decirte. Me gustaste, me gustaste todo. Quería saber si nos podemos ver otro día o por ahí si podes el fin de semana, más relajados, más tranquilos. Perdóname pero no sé qué me paso. La verdad me sentí muy cómodo con vos. – me dijo con voz tímida y temblorosa.
- Bueno,… este…gracias, yo…. – respondí
- Tenes razón. Me olvide que estas en pareja. Perdóname, pero bueno…
- No nada que perdonar, todo bien. ¿Cuándo queres qué nos veamos y dónde?.

Entro al departamento, Manuel esta mirando un programa de chimentos. Lo saludo con un beso. Cenamos y nos acostamos. Me abraza y siento en ese abrazo toda la dulzura de la voz de Juan Ignacio y la mia propia diciéndole: Si te parece el viernes, en tu casa. La historia suele tener a repetirse.

jueves, 15 de enero de 2009

LA SEÑORITA YO -Cap 12 - Manuel




Desayunamos con Manuel en el shopping, es un día esplendido; un sábado de primavera, aunque el calendario este fijo en el invierno. También en Agosto, Buenos Aires suele ser encantadora. Tostadas con dulce de frambuesa y un delicioso queso blanco acompañan el café con leche. Desde los amplios ventanales del lugar se ve el Río de la Plata. Una sucesión de aviones despegan y aterrizan en el Aeroparque. En la cafetería donde estamos, algunas mujeres mayores, paquetas, toman el té, algunas parejas de jóvenes de acarician y se dejan acariciar por el sol, todo parece enmarcarse en una tensa calma. Pienso que la tensión la tengo yo. A veces imagino cosas, cosas nefastas, cosas de películas, por ejemplo; en estas situaciones, donde todo esta como supuestamente debiera estar, imagino que de repente hay una gran explosión y todos somos arrasados. No sé por qué. Creo que todo funciona bajo la hipocresía; no les creo a esas viejas que charlan tan amablemente, se están mintiendo, contando cosas que nunca vivieron sólo para que las otras viejas, igual a ellas; mentirosas, se las crean y las admiren. O a esa pareja acariciándose mientras él le mira el culo a la moza del bar, y ella observa de reojo al tipo que tienen enfrente.
Lo miro a Manuel, esta leyendo una revista. Ya no siento amarlo, pero quiero darle un beso, regalarle una caricia. Le digo que lo quiero; me sonríe y sigue leyendo.
Todo lo que pasa y pasó en nuestra relación me sigue perturbando, nunca me doy cuenta si son celos o la impotencia de no saber que siente él, a pesar de lo que dice sentir, o la bronca de saber que puedo mantenerle la mirada aun engañándolo con todos esos hombres que me atraen y caminan por este mundo.
Vuelvo a mirar el río, vuelvo a mirar a Manuel. Me fue infiel, le fui y le soy infiel. Me aíslo. Aislarme significa pensar. Pensar me hace mal, no puedo evitar hacerme daño.
La infidelidad, los “cuernos”, siempre son una de las razones que destruyen la confianza en una relación de pareja. Cuando todo empezó, creí que él me era infiel porque nuestra relación no le alcanzaba, no llenaba sus expectativas. Era como que buscaba algo que yo, como pareja de él, no era capaz de ofrecerle. Luego pensé que me traicionaba para demostrar su masculinidad porque todo su entorno; sus amigos, conocidos, al saber de su sexualidad, esperaban que él actúe así: divirtiéndolos con sus aventuras, incentivándolo a vivirlas, haciéndole creer que él era, efectivamente, un macho cabrío, el macho superado, el cojedor más grande del mundo. Con el tiempo me confeso que me era infiel por deporte, le gustaban demasiado los hombres. Lamentablemente, con el tiempo, descubrí que a mí tambien me gustaban demasiado, no los hombres, sino todos los hombres.
Para Manuel era más difícil saber si yo le era infiel. Siempre fue menos observador y se fijaba menos en cambios sutiles que, sin embargo yo, descubría en el inmediatamente.
Creo que él hubiese sospechado de mis infidelidades si yo me negaba a mantener relaciones sexuales como de costumbre, pero como eso nunca paso y a mi el sexo me fascina, él nunca se siento traicionado. ¿por qué todo tenían que estar relacionado al sexo?
Yo jamás pensé que perdonaría una infidelidad, luego entendí que el tiempo o la modernidad y los vínculos de relaciones cambian. A Manuel le perdone casi todo, creo. Tampoco me iba a autoengañar para no tener que enfrentarme a la realidad; descubrir que había sido traicionado por la persona que amaba fue una experiencia dolorosa y hasta humillante, ya que se pusieron en juego los valores que daban vida a nuestra relación de pareja; la confianza, la sinceridad y el respeto. Cuando yo comencé a serle infiel, también deje de tener esos valores. Cosecharas tú siembra dicen.
También entendí que perdonar o no una traición dependía de la persona y del tipo de relación que existe.
Esta situación, para mí, digo; la decisión de perdonar (pero no olvidar), la infidelidad, se convirtió en un arma arrojadiza muy frecuente en las discusiones, lo que llego a desgastar más la relación. En cada discusión yo le recordaba constantemente sus infidelidades, le demostraba que yo no era capaz de superar y olvidar, quizá lo necesario era plantearme una solución tajante. Cuando intente dejarlo él no lo acepto y yo caía preso de sus palabras. Me torturaba serle infiel y no contárselo, me sentía mal. Mis días pasaban con el ánimo a la altura de los zócalos, cualquier altura, hasta la de un escarabajo, era mayor a mis estados animicos.
Lo primero, y más importante para mí, fue darme cuenta el por qué de la traición, ¿por qué comencé a traicionarlo?. Sexualmente no tenía necesidad, y no necesariamente tenia que ver o estar relacionado con el sexo. Yo seguía buscando el amor, el sentirme amado, nada más.
Yo buscaba en el dialogo un solución, pero para él la salida más fácil y cómoda era serme infiel.
Manuel sigue leyendo y riendo con las novedades de la revista. Yo sigo lastimándome, parece que un modo de vivir es sufrir, pensar es no aceptar la vida con lo que viene. Mi modo de vivir nunca fue adaptarme a nada, sino adaptarnos a todo, los dos, con él o con cualquiera. ¿Por qué tenia que ceder siempre yo?, ¿Por qué tenia que aceptar siempre yo? Si siempre le di la posibilidad de hablar, ¿qué significaba para Manuel la palabra, algo tan valioso para mí? Entiendo que para él, una palabra, nunca significo nada.
En un principio pensé que Manuel, al ser infiel, era el único culpable. Después, que la infidelidad era el resultado de una crisis en la pareja, y pensaba que, quien es infiel lo hace porque busca en otra persona cuestiones sexuales, emocionales o intelectuales, que su relación no le da. Nada de esto nos pasaba o si así era, él, no me lo decía.
Nunca me basto esa banal explicación de que los hombres le encantaban y que le gustaba coger con todos, algo en el fondo debía haber.
El sol seguía regalándonos caricias tibias y duraderas, las viejas no paraban de hablar. Muy de vez en cuando, Manuel me comentaba algo que leía y los dos reíamos. Era bello estar compartiendo ese simple momento.
No había razones para la infidelidad, ninguna. Quizás había muchas razones y yo, envuelto en mis inseguridades, en mis soledades y, tapado por un muro de silencio, no me daba cuenta de nada o no asumía mi responsabilidad.
Una pareja, terminado el enamoramiento, se enfrenta a la pareja real y olvida la idealización y a veces sus conductas, no siempre placenteras en la convivencia, defraudan las expectativas del otro. Esto podía pasar; cada uno podía haber abandonado al otro para centrarnos sólo en objetivos personales y no en los objetivos de los dos. Tal vez pasaba que los dos necesitábamos sentirnos bellos y deseados uno por el otro y sentíamos una gran frustración y la autoestima por el piso y una forma de sentirnos de nuevo atractivos y valorados era siendo infieles. Para mí no era así, yo estaba seguro de mí y lo hacia sentir seguro a él, con halagos, regalos y dándole la importancia que él se merecía.
Nuestra convivencia nunca fue monótona; otra de las razonas por las cuales entiendo uno puede ser infiel. Nunca descuidamos el tiempo en común por actividades personales ni dejamos de tener detalles cariñosos con nosotros. Una pareja sumida en la rutina y en el aburrimiento se puede venir abajo a causa de un encuentro con cualquiera que llegue y nos abarque con todo aquello que carece nuestra relación: el misterio, el encanto y el riesgo de sentirnos seducidos. Tampoco esto pasaba, siempre hacíamos cosas distintas, siempre nos divertíamos como locos, siempre disfrutábamos mucho uno del otro.
De igual manera era en lo sexual; el sexo era un elemento esencial. Los dos nos sentíamos satisfechos; teníamos amor y en la comunión de los cuerpos, todo era excitante. Incluso nunca nos prohibimos ninguna fantasía.
La búsqueda de nuevas sensaciones, podía ser otra causa que yo analizaba para entenderlo a Manuel. Si se había acabado la seducción del enamoramiento y se vivía en el aburrimiento la relación, él necesitaba, tanto como yo, seguir satisfaciendo la necesidad de sentirnos enamorados. La curiosidad de experimentar el sexo con otras personas y de vivir aventuras, es algo interesante para buscar un amante.
También me ponía en su lugar; cada vez que le fui infiel, lo hice con una persona totalmente opuesta a él, yo sí necesitaba seguir idealizándolo, creerme que Manuel era único. Quizás, él, hacia lo mismo. Cada vez que hicimos cama de tres, el tercero era absolutamente distinto a lo que soy yo, no sólo desde lo físico, sino también desde lo intelectual. Basta aclarar que, intelectualmente, no pasaba nunca nada en estas situaciones donde sólo valía el sexo, pero bastaba cruzar dos palabras para saber con quien estábamos.
Como pareja habíamos acordado tener, de vez en cuando, relaciones los dos con un tercero; si habíamos llegado a este acuerdo, ¿por qué Manuel seguía siéndome infiel?. Nunca amenace su libertad, todo lo contrario; nunca lo asfixie, nunca lo seguí ni cuestione nada. Incluso muchas veces salía solo. ¿Por qué buscaba la libertad siéndome infiel? ¿Por qué decía que me amaba y nunca respetaba los acuerdos?
La infidelidad es una prueba de fuego que destruye a aquellas parejas en las que falta el amor, pero fortalece a las que realmente se aman. Era, tal vez, lógico que yo no lo amaba más.
Sentí pasar por todas las etapas cuando me supe engañado; tome la decisión de seguir adelante con todas las consecuencias sin reprocharle ni vengarme. Sentí que si Manuel regresaba conmigo era porque yo era la persona con la que deseaba estar. También lo abandone, no podía olvidar el dolor, quería reconstruir mi vida sin él, me había hecho sufrir y me había engañado, pero también lo quería y probablemente seguía amándolo. Entre las dos opciones opte por un matiz, el de engañarlo también. Mi miedo pasaba por la idea de que por una simple cana al aire yo podía caer enamorado de otra persona y acabar con la relación con Manuel.
Vuelvo sobre lo mismo; su traición destruyo la confianza y la seguridad que sentía, ataco mi autoestima y me sentí inferior. A pesar de esto seguí sintiendo una gran dependencia emocional hacia Manuel. También me gustaron siempre los límites.
Pase de la indiferencia a la furia en un abrir y cerrar de ojos. Fui hostil y hasta perverso. Devolví sus infidelidades con más infidelidades, ya no podía detenerme. Me volví desconfiado y estaba tras cualquier pista que me asegurase que sus infidelidades NO habían terminado. Empecé a compararlo con mis amantes y todo avizoraba un final. Perdone, pero no olvide, y la relación juntos nunca volvió a ser la misma.
Una aventura sexual pasajera puede ser un error irreparable.
Lo miro, toma la taza de café y bebe un sorbo. Lo miro, y siento que en personas inseguras, como el, la infidelidad puede ser el único logro personal.

domingo, 11 de enero de 2009

Taller Literario


Desde el origen de la Poesía al lugar de la novela


En Mayo nuevos Talleres literarios. Clases grupales e individuales

Algunos temas que desarrollamos: YO escritor: el autoconocimiento: deseo mas voluntad/La confianza y el miedo/Teoria de la esperanza. Introductoria: ¿QUE ES UN AUTOR? Qué es la literatura, su finalidad y expresión./ La poesía: Sus orígenes./Naturaleza, forma tipos y tradición poética./Arte Poético. Reflexión sobre el arte propio. Verso libre y métrica. El origen oral del poema. Condiciones de la escritura. Énfasis, voz, estilo. Formas breves. Haikus. Senryu /Tanka./ Sijo Coreano. Ghazal. Pantan.Narrativa: intro al cuento. Estructura. Desarrollo. Poesía + Cuento: la idealización de la forma. Quién cuenta un cuento?/Definición/ Narradores/La reglas del juego./Importa el titulo?/Guía para la escritura de un cuento./La construcción de un personaje/Los diálogos./Narrar? Describir? Mostrarse?/Micro-cuento. Actitudes del escritor. Figuras literarias: retóricas: patéticas-lógicas-descriptivas-oblicuas./de dicción: añadir-suprimir-repetir-combinar./Tropos: Metonimia-Sinécdoque-metáfora. La Novela: Introducción. La novela universal.Clases de novela La estructura. El tema. Los personajes. El argumento. Cierre.

Más Información: Ricardo Z.
E-mail: elhabitodeescribir@yahoo.com.ar

sábado, 10 de enero de 2009

LA SEÑORITA YO -Cap 11 - Paréntesis



Manuel siempre fue el típico gay, aún antes de darse cuenta que lo era, supongo. Nunca dijo la verdad en su totalidad, bueno después de todo, todos mentimos un poco.
En el ambiente gay casi todos se creen o hacen los millonarios, los “pudientes” diría una amiga mia. Creen que son todos bellos, todopoderosos e inmortales: que una “loca” acepte el paso del tiempo como algo natural, sería el titular de los principales diarios del mundo. Ni hablar de los problemas, ninguna gay tiene problemas y la mayoría se siente orgulloso de su condición sexual y no de su ser persona. La no asumida, en cambio, va a terapia psicológica y a la salida, chupa pijas en el baño con la misma boca que más tarde besará a su mujer. Por supuesto que también están los gays solos, que dicen ser felices así; su discurso, siempre distorsionado e incoherente, dice que estar con alguien significa, para ellos, estar condicionados a esa persona. Etc. Etc. Etc. Etc. Etc. Etc. Etc. Y la lista sigue y es larga.
Si entras a una línea telefónica o un chat gay y alguien te dice que es maduro, hay que pensar que esta en una franja de edad que va desde los 60 a los 70 años. Si te dice que es versátil, llegara hasta vos y se pondrá en cuatro patas para que le taladres la cola, ese es pasiva cantada. También están las que te dicen morrudas, bueno imagínate ver en ellos un avistaje de ballenas. Y esto sigue, sigue…
La mentira es como un lugar común en al ambiente gay. Con el tiempo uno se va dando cuenta que no debe creer, al menos de noche, al menos en un boliche, al menos después de la cinco de la mañana, ninguna palabra dicha por una “loca”. A esa hora, con una copas de más y el pescado sin vender, lo gays, alzados, calientes cual horno de panadería, agotaran los adjetivos calificativos (bellos por cierto) para tratar de levantarse al primer macho que se les cruce; mientras tenga una verga y respire, todo funcionara bien.
Odio la mentira, odio la falsedad, detesto esa declaración falsa que tendrá como único objetivo hacerte preso de algo que no existe; el otro. Ya lo sé; a la noche todos los gatos son pardos, pero bueno de ahí a acostarte con Gotzila hay un largo trecho. La falta de verdad, la carencia de lo autentico siempre es constante. Con el tiempo vas aprendiendo.
Cuando comencé a salir, no tan joven por cierto, luego de terminar mi primera relación de pareja (escribo esto y me siento una especie de Liz Taylor), conocí todos los lugares gay de Buenos Aires, absolutamente todos. Yo era joven, demasiado, y por lo que dicen lindo, atractivo y simpático; condiciones necesarias para que se te abran las puertas del mundo. Y yo me abría y como me abría, solo me importaban las aperturas, sexuales, claro.
En esos años, en los cuales recorrí la noche, nunca pague entrada a ningún lugar gay, ni hice la cola para entrar en ellos (suena sexual pero no lo és). Pocas veces pague un trago, siempre me invitaban los dueños del lugar u otros hombres que se calentaban conmigo. No lo digo para vanagloriarme de nada sino para dimensionar un poco como era en aquel entonces el ambiente gay. Los años noventa fueron gloriosos; los vínculos con los otros aparecían naturalmente, espontáneos, sin artificios, sin imposiciones. Eran como devoluciones en miradas. Recuerdo que con un amigo llegábamos a Avenida Santa Fe y Pueyrredón para encontrarnos con conocidos y caminábamos hasta Callao. Esas pocas cuadras significaban, para nosotros dos, casi una hora y media de recorrido ya que nos paraban todos los tarjeteros de los boliches incitándonos a ir a los lugares que representaban. Nos daban entradas gratis, tragos gratis, nos daban interesantes charlas de cómo serian nuestras vidas si estábamos de novio con ellos. Nosotros reíamos y creíamos ser dos Adonis en un poblado azteca. Claro que en aquella época los tarjeteros eran divinos uno veía en ellos lo que se iba a encontrar en el boliche y era así. Los mejores eran los del templo de la movida gay de la calle Anchorena, verdaderas bellezas, como la gente que iba allí. También eran más selectivos; no todos recibían la entrada gratis. Eso también sigue siendo una constante; los gays eternos luchadores contra la discriminación, son los primeros en discriminar. Siempre parecieron nuclearse, detesto los ghetos, las feas van a un boliche por el centro, ahí encontrar una dentadura completa es un hito histórico, en el Sótano de Barrio Norte el ambiente cambia; son todos hombres mayores. Además de los gerentes el Sotana esta habitado por trabajadores sexuales y pendejos desesperados buscando un padre. Todo desconcentrado y todo ausente a la vez.
Ghetos, ghetos, cosas fragmentadas, adversidades. Búsqueda de la sin razón, del tiempo que no tiene tiempo porque todo parece ser apuro, todo urgencias. Si, los gays somos urgentes; todo tiene que ser ya, ahora, en este instante, el minuto a minuto de la televisión parece ser otro tópico. Todo ahora, el tipo que me sonríe es una posibilidad, el que me besa, un amor, el que me coje, lo inmediato. Todo ahora. Todos ahora.
En este ahora, y en aquel entonces, ninguna loca es pobre ni lo es ahora. Todas son viajadas, todas conocen New York; escribir Nueva York haría desmayar a más de una. Lo que no cuentan es que estuvieron cinco años comiendo arroz blanco para el deseado viaje. Cinco años secas de vientre por conocer las bondades de la Gran Manzana. Apariencias, todas apariencias y estructuras. ¿Para que mencionar la moda? Basta que salga alguna indumentaria nueva para que todas corran despavoridas a los locales que las venden a agotar en segundos los stocks, y los fines de semana vas al boliche y te sentís pertenecer a un colegio privado: todas uniformadas, todas igualitas. Originalidad cero. Punto cero. Nihilismo.
En mi paso por la noche conocí gente de mucho dinero y encantadora por cierto. Recuerdo que con mi amigo, ese con el que tardábamos horas en caminar unas pocas cuadras, un día en el reducto para la tercera edad se nos acerco un hombre, bueno mejor dicho un caballero. Simpático, entrado, correcto en todo el sentido de la palabra. Tendría unos sesenta años , era alto, de ojos azules y pelo canoso. Nosotros reíamos, y él se acoplo a nuestra alegría. Charlamos casi toda la noche, sobre todo cuando le confirmamos que no éramos trabajadores sexuales, (era algo que nos pasaba con frecuencia a mí amigo y a mí; antes de preguntarnos el nombre nos preguntaban cuanto cobrábamos. La verdad hoy estaría mejor económicamente si me hubiese dejado llevar por esas pequeñas tentaciones) ahí se distendió y pidió la primer botella de champagne (fueron tres en total). Alrededor de las seis de la mañana nos pregunta si queremos desayunar con él. Nosotros aceptamos, éramos extremadamente sociables o fáciles, en el lenguaje gay. No sabíamos quién era, tampoco nos interesaba saberlo. Llegamos al pie de la escalera y desde su celular hace una llamada. Subimos y vemos como, en la puerta del Sótano, un espectacular Mercedez Benz nos esta esperando con su respectivo chofer; ¿podía ser de otra manera?. Mi amigo me mira y dice ¡Subamos Nena!. Y…subimos.
Fuimos a un señorial hotel del Barrio de Retiro, al costado de la autopista . Cuando entramos al lobby del hotel decenas de personas que terminaban de celebrar un casamiento se dan vuelta para mirar a ese hombre mayor, con lo que habrán pensado, terribles dos gatos. Él, dándose por aludido, nos dice – volvamos a entrar para que nos vean mejor. Nosotros reímos y acatamos la divertida orden. Terminamos en su triplex de Avenida del Libertador. Fotos con presidentes del mundo, con su “Santidad” y otras tantas personalidades, adornaban un hogar enorme y acogedor. En la terraza una pileta con hidromasaje y todo el Río de la Plata como postal.
Charlamos largas horas, y cuando el sueño nos fue venciendo, ese caballero, con apellido de una de la grandes fortunas del país, dueño de un conglomerado de empresas multinacionales, ordeno a su chofer que nos lleve a nuestros domicilios. Hablamos un par de veces más, pero nunca más volvimos a verlo.
También fue exótico, y por demás erótico, que por un trabajo que realice, y sin querer provocar nada, termine en una intensa jornada sexual con uno de los mejores futbolistas del mundo; mulato él, que, terminado el empate por penales, me regalo una cigarrera de plata y tres mil dólares. Lo de los dólares fue un plus pos-orgásmico; me hizo sentir una prostituta, y me gusto. Y el otro personaje internacional, cantante, digno representante del tequila, supo ser mí dueño en otro hotel, por un instante claro, y tan buen amante no fue. De los famosos locales, pasaron algunos, pero prefiero olvidarlos, son más objetos que personas.
Otro personaje divertido que conocí fue Emmanuel alias el Conde, una mariquita extravagante que organizaba fiestas en su casa de San Isidro, sólo para no sentirse “solo”. Ahí si iba gente de dinero, como él, no como yo, que simplemente le caí simpático al Conde y cada vez que organizaba algo me llamaba. El Conde era,o es; la verdad hace mucho que no sé nada de él, algo así Golum, el personaje del Señor de los Anillos. Era horrible, rozando el limite con el espanto. Tenía mucho dinero y lo sabia. Sabia que cada hombre que se le acercaba amorosamente no era por él, sino por sus billetes. Buena gente el conde, buena gente.
En sus fiestas pasaba lo mismo que en cualquier boliche, pero todo era más selecto; todos se creían dioses, me gustaba compararlos con los hipocampos; se creían potros y eran pescados. ¿Qué feo no reconocer que uno, digámoslo diplomáticamente; es visualmente inaceptable no?. Uno puede vestirse bien, arreglarse, que se yo hasta… , no sé , un botox aquí un poco de colágeno allá… pero de ahí a ser un monstruo y creerse Narciso hay un largo camino. No pero las mariquitas , como rezan “antes muerta que sencilla”, se ponen todo encima, aunque les quede como el culo, total se usa y salen al ruedo, “si pica, pica”
Ni hablar de las musculocas; reprimidos patovicas que organizan sus vidas en el ejercicio del músculo y sobredosis de anabólicos, y después de los cuarenta son como panes dulces que se olvidaron de levar. Caídas, andan llevando a rastras huellas de cuerpos deformes, labios hinchados y pómulos forunculosos a punto de explotar. Horror. Nunca se sacan la musculosa, la llevan adherida al cuerpo y los jeans dejan de ser jeans para ser calzas.
Sí, el ambiente gay es una gran circo y en definitiva también pertenezco a el, uno no deja de ser un triste animal de costumbre, un león carcomido a latigazos antes de cruzar, por última vez el aro de fuego.