sábado, 25 de septiembre de 2010

PRESENTACION LIBRO


LA OSCURIDAD ES OTRO SOL


La reciente reedición de La oscuridad es otro sol (1967), el primer libro en prosa de Olga Orozco, resulta particularmente interesante. Al igual que su continuación, La luz es un abismo (1994), lejos de constituir una excepción en su obra este libro constituye un bastión, un paradójico manifiesto poético. Todas las obsesiones, logros y marcas estilísticas que desplegaría a lo largo de su itinerario poético aparecen cimentados en esta particular novela con forma de cuento y perfume poético: la recurrencia a la infancia como proveedora inagotable de ritos y magia, la multiplicidad de sentidos asignada a cada palabra, los permanentes quiebres entre pasado y presente y esa especie de dirección circular que caracteriza al conjunto de su obra.

Agradecimiento: Editorial LOSADA

IDENTIDAD


Como el título indica, Zygmunt Bauman analiza en este libro los cambios que se han producido en la noción de identidad en nuestro mundo moderno.
En el medio líquido de consistencia lábil en el que transcurren las vidas de los hombres en la actualidad, dicho concepto de identidad se ha vuelto completamente ambiguo, hasta convertirse en una idea contestada, que sólo se esgrime en el contexto de un conflicto, en el campo de batalla: se trata de un concepto que, queriendo unir, divide, y queriendo dividir, excluye, de tal manera que, si alguna vez sirvió como estandarte para la emancipación, hoy puede resultar una forma encubierta de opresión. Este doble filo de la identidad se pone de manifiesto, sobre todo, cuando se ve en qué ha quedado la “humanidad”, esa identidad que nos iguala por encima de cualquier otra identidad circunstancial. Seguramente, la humanidad se halla hoy en la cola de las identidades, postergada por afinidades menores, más circunscritas y menos universales, carcomida por auténticas identidades de ocasión, de las que se participa con el mismo espíritu con el que se exhibe una prenda de moda.
Zygmunt Bauman advierte, con sus convincentes argumentos, de que la necesidad del ser humano de buscar sus raíces, de identificarse con un nudo familiar, de sintonizar amistosamente con otros, no puede instrumentalizarse como un bien de consumo, como un producto dictado por la coyuntura. De otro modo, el hombre no logrará sanar nunca del desconcierto existencial que hoy parece aquejarle.