
Nacerme; parirme en cada útero;
con la misma sangre, la misma
que aúlla desde siempre por mis venas.
Yo no soy más que una mirada,
una noción a destiempo,
alguna palabra.
Sólo un caminante de la letra,
buscador de signos y respiros.
Escribí tanto mi nombre
y el dolor es no poder decirme.
Mi yo, como mi palabra, me rebasa, me sucumbe y no me basta. Intento completarme y descubrirme. Pero no sé de esperas; mi palabra se va y no encuentro la que vuelve.
Convivo con un lenguaje que me hace escuchar vientos de voz, contemplaciones y reclamos. Descifro un arte infinito de silencios, un tiempo que me cabalga con oscuras riendas. Esclavo soy de cada momento.
Dejaré transpolar los tiempos, virtual pasado que se contrapone a un futuro incierto y entre ellos me nace la sombra comprometida del presente.
con la misma sangre, la misma
que aúlla desde siempre por mis venas.
Yo no soy más que una mirada,
una noción a destiempo,
alguna palabra.
Sólo un caminante de la letra,
buscador de signos y respiros.
Escribí tanto mi nombre
y el dolor es no poder decirme.
Mi yo, como mi palabra, me rebasa, me sucumbe y no me basta. Intento completarme y descubrirme. Pero no sé de esperas; mi palabra se va y no encuentro la que vuelve.
Convivo con un lenguaje que me hace escuchar vientos de voz, contemplaciones y reclamos. Descifro un arte infinito de silencios, un tiempo que me cabalga con oscuras riendas. Esclavo soy de cada momento.
Dejaré transpolar los tiempos, virtual pasado que se contrapone a un futuro incierto y entre ellos me nace la sombra comprometida del presente.