jueves, 4 de junio de 2009

Ivonne Bordelois


Es poeta, crítica y ensayista. Se recibió en la UBA, en Filosofía y Letras. Vivió 30 años en el exterior trabajando como lingüista. Recién en 1995 editó El alegre Apocalipsis, cuando ya su carrera académica había alcanzado un más que satisfactorio desempeño. Por muchos años Ivonne Bordelois dividió su pasión entre la poesía y la lingüística (se doctoró en el Massachusetts Institute of Technology -MIT- con Noam Chomsky). También publicó numerosas críticas bibliográficas y es autora de una biografía de Ricardo Güiraldes, editada por Eudeba en 1967. Luego de aportar su testimonio para la biografía sobre Alejandra Pizarnik que Cristina Piña publicó hace unos años, Ivonne Bordelois descubrió que tenía mucho más para decir sobre aquella amiga entrañable. Publicó entonces Correspondencia Pizarnik en 1998. En la actualidad es colaboradora permanente en el diario La Nación.

¿Cómo se presentaría usted en esta entrevista?

Como una escritora - y también como una lectora del universo.

¿Cuál es el rol del poeta y la función de la poesía en nuestro tiempo?

Yo creo que los poetas no tienen roles ni la poesía funciones, pero acaso haya una misión, y acaso ésta sea el regresar a la palabra su liturgia propia, su dignidad sagrada, su capacidad simultánea de juego y de misterio.

Cito a Alain Bosquet: “el poema inventa al poeta”. ¿Considera que la poesía incluye algún tipo de interés biográfico?

Si, creo que la poesía tiene una virtud estructurante mucho más amplia de lo que suele reconocerse. A veces superamos ciertas crisis o pasajes oscuros o muertos de nuestra vida simplemente porque la memoria –a veces inconsciente- de algunos grandes poemas nos sostiene. El testimonio de gente que ha vivido en la cárcel o en campos de concentración es muy relevante al respecto.

¿Se puede prescindir de la vida del autor?

Hay una corriente contemporánea que, dados los estragos del biografismo anterior, pretendió desterrar toda consideración a la vida de los autores, como si exisiteran sólo textos. Pero la vida de un autor suele ser un texto clave para interpretar otros textos. Borges no se explica sin su ceguera, Kafka sin su padre,
Pessoa sin su vida oficinesca. Me parece que es importante mostrar cómo, desde vidas sumamente difíciles y circunstancias muy contrarias, se alcanza la poesía y la poesía nos alcanza, y ese es uno de los valores de las “vidas poéticas”.

La acción poética, mas allá del significado que a mi humilde entender es el vacío que debe ser creado por el lector. ¿Cree que bajo este concepto la obra rebasa al autor y cumple su misión de traslado hacia los otros?

El poema es acción y pasión, y el poeta viene también de un vacío, ese “aunque es de noche” de San Juan de la Cruz. Creo que un verdadero poema se reconoce porque crea un silencio, un silencio cómplice entre el lector y el autor, un silencio donde el lector se reconoce en un espejo anteriormente desconocido para él.

¿Hay alguna experiencia de su infancia o juventud que fue decisiva para crear en usted una escritora?

Creo que el privilegio de haber nacido en un lugar de la provincia de Buenos Aires, donde la presencia y la belleza de la naturaleza era abrumadora, tuvo que ver con la sensación en mí de que un absoluto me rodeaba. No se trataba tanto de describir esa presencia o glorificarla con palabras, sino de saber, como decía Martí, que “el Universo habla mejor que el hombre” y tratar de aprender cada día de un puesta de sol, de un claro de luna sobre un aguaribay, de las estrellas de una noche de Reyes.

¿Qué lectura contribuyeron a su formación literaria?

Las de mi adolescencia en particular. Mis grandes maestros fueron Rilke, Kierkegaard, Kafka y Simone Weil. Curiosamente, ninguno de habla española.

¿Escribe sabiendo el sentido o cuando avanza lo descubre?

O bien sé el sentido o bien se apodera de mí un ritmo que va dando el sentido cuando lo desarrollo, sobre todo en poesía. Algunos de mis poemas aparecen en canciones que me hago a mí misma y luego voy descifrando con palabras. Nunca escribo por escribir, “a ver si sale algo”. Me parecería ocioso o irreverente, por así decirlo.

En sus palabra: “ el lenguaje es ante todo un placer, un placer sagrado, una forma elevada de amor y conocimiento” . ¿Cree que mediante el lenguaje uno se acerca a lo divino mas allá de sus creencias?

Yo tengo una hipótesis muy fuerte, que difiere de la de Steiner cuando dice que el sentido del lenguaje es atestiguar “una presencia real”. Yo pienso que la única presencia real es el lenguaje, y todo el resto se hace a imagen y semejanza del lenguaje. El lenguaje nos crea, nos comunica, nos expresa: es un cuerpo místico que siempre está existiendo, una suerte de sacramento infalible e irrenunciable, “la luz que brilla en las tinieblas y las tinieblas nunca reconocen”, en las palabra de Juan de Patmos. No creo que existiera la idea de Dios sin el lenguaje, es decir, Dios es una extrapolación del ser del lenguaje, a mi entender.

Y el silencio ? ... es un lugar que necesariamente no debe habitar?

El verdadero lenguaje proviene del verdadero silencio y se alimenta de él, por eso se recrea constantemente a sí mismo. Hay un no decir que se va develando en el correr de los siglos y sigue provocando más y más lenguaje a medida que se avanza en esa nada luminosa que atrae a sí la palabra total.

Bordelois lectora de Bordelois, ¿qué opinión le merece?. ¿Es critico suyo?

Sí, soy muy crítica, sobre todo de cierta facilidad y rapidez que a veces me carcome. Yo soy muy feliz escribiendo, y a veces lo que debo decir se me pierde en una imagen brillante que no respeta el abismo de donde realmente proviene.
Siempre recuerdo la humorada de Alejandra Pizarnik, cuando me llamaba “polvorita gozosa”, un apodo cariñoso que acaso encerraba una intención de terapia profética.

Amiga de Alejandra Pizarnik, un icono de la literatura hispánica. ¿Qué significo para usted esa relación desde el punto de vista literario?

En cierta medida fue bastante esterilizante, porque por mucho tiempo no me atreví a publicar poesía, ya que la cercanía de Alejandra era demasiado incandescente. Pero la profundidad de Alejandra, su extraordinario don de lectura y de crítica fulminante, me marcaron para siempre con una gran exigencia interior. Creo que fue la persona más genial que he conocido, y como he tenido el privilegio de tratar a Octavio Paz, a Borges o a Noam Chomsky, creo saber por experiencia lo que se reconoce comúnmente por genio. Alejandra era totalmente revolucionaria en su manera de descubrir verdades obvias pero escondidas en cuanto al lenguaje y a la literatura. Lo que decía parecía absolutamente sensato, hasta que uno se daba cuenta de que absolutamente nadie lo había dicho hasta entonces.

¿Qué libro aun no escribió?

Creo que uno escribe un solo libro inacabable e inacabado, ya que uno escribe de cierta manera solo su propia vida. En particular, ahora estoy escribiendo una Etimología de las Pasiones que me va abriendo territorios fascinantes que me resulta imposible recorrer en su totalidad.

¿Qué considera lo peor de la condición humana?

Ese “no saber lo que hacen”, la locura que denuncia Cristo cuando lo crucifican, la que aflora en la sonrisa de los torturadores de Irak. Esa terrible mezcla de insensatez y crueldad que nos hace estremecer en las fundaciones de nuestro propio ser: cómo se puede llegar hasta allí?

Recurro a palabras de moda en el lenguaje devastado: globalización-internet-tiempo real-aldea global-despersonalización de la palabra , etc. Haciendo un acercamiento con el Meridiano 0, se puede hablar hoy de un imperio del nihilismo? Podemos hablar de la devaluación de los valores?

En general no me gustan las palabras-moda o las palabras-denuncia; la palabra valores está demasiado cerca del mundo bursátil para gustarme. Pero este mundo que viene ahora tiene una capacidad de desfondar lo siniestro que nunca había experimentado yo antes: hay días en que leer el diario es una expedición al infierno y se necesita todo el resto del día para recuperarse. Antes que profecías o definiciones prefiero callar y acercarme a los pequeños grupos desconocidos que desde el llano afirman otra manera de la vida.

La palabra amenazada, uno de sus últimos libros, parece ser una advertencia hacia la devastación del lenguaje y a su vez una apertura hacia la luz del mismo. ¿Renacerá el lenguaje desde el caos mismo?

El lenguaje no necesita renacer: siempre está viviendo. Los que morimos somos nosotros, y a veces morimos por falta de amor al lenguaje, que es lo más hermoso que tenemos, lo más hermoso que somos. De eso es lo que trata o quiere tratar mi libro.

¿ El lenguaje clausura la cotidianidad?

El lenguaje es el pan nuestro de cada día y de cada noche, el que no se niega a nadie. La poesía nace de las grandes visiones y de las pequeñas cosas, se encarna en todos los momentos y puede suspender el tiempo -a condición de que se haya alimentado de temporalidad.